15 años al servicio de la construcción de una alternativa revolucionaria en Centroamérica

15 años al servicio de la construcción de una alternativa revolucionaria en Centroamérica

Durante estos meses hemos publicado una serie de artículos en conmemoración de los 15 años de fundación del Partido de los Trabajadores, sección costarricense de la Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional. El texto presenta un recorrido por la trayectoria de nuestra organización, la cual no se entiende sin la tarea fundamental de destinar todos sus esfuerzos de intervención en las luchas de los diferentes países para la construcción de organizaciones revolucionarias enraizadas en la clase.

Con este material también pretendemos dar a conocer diferentes aspectos de la intervención de la LIT desde los años 80 en el marco de la derrota de la revolución centroamericana; también exponer diferentes puntos de vista históricos referentes a la formación del capitalismo en Centroamérica, y las bases para una unificación socialista centroamericana en el marco de las luchas de las clases trabajadoras de la región contra los planes del imperialismo, todas estas elaboraciones de las cuales nos sentimos muy orgullosos y que tenemos la responsabilidad de ser sus continuadores.

Orígenes y características del capitalismo centroamericano a partir de la Independencia

La independencia de España significó que la región dejaba de ser una colonia, o sea, en buena teoría dejaba de depender económica, política y militarmente del imperialismo europeo. En ese primer momento, la realidad fue que en los primeros años de vida independiente Centroamérica era una sola región, no había la división entre países que hay ahora.

En esos años había tres grupos políticos muy diferenciados en Centroamérica: por un lado, las masas populares compuestas por artesanos, campesinos, y jornaleros (la gran mayoría indígenas); en segundo lugar, la fracción que abogaba por intereses republicanos que estaba compuesta en mayor medida por comerciantes, terratenientes, alta y mediana burocracia. Finalmente, los sectores conservadores ligados a los intereses coloniales, que eran la mayoría de los grandes terratenientes, comerciantes beneficiados con los monopolios impuestos por la corona, la iglesia y la alta burocracia.

Contra lo que nos venden en los medios y el sistema educativo, hay que decir que el Acta de independencia promulgada el 15 de setiembre de 1821 fue impulsada por el sector más conservador, que siempre estuvo ligado a la corona española, administrando las importaciones y las exportaciones de productos como el tabaco. Estos sectores firmaron la independencia con el fin de evitar un conflicto armado que pusiera en el centro de la escena política a los sectores populares y amenazará sus privilegios, como estaba ocurriendo en otros reinos como el de Nueva España (México). De esta manera la independencia fue controlada desde arriba y mantuvo la estructura social intacta.

Debido a que los grupos liberales fueron ganando más peso se rompen las relaciones comerciales con España, y los ingleses comenzaron a ganar gran terreno en el comercio con la región. Esto hizo que la industria textil fue barrida por las baratas importaciones que inundaron Centroamérica, provocando la ruina de los artesanos y pequeños productores locales, con ello vino un periodo de luchas en la región y planteó la necesidad de consolidar una verdadera unidad para dar una respuesta a la dependencia económica que ya predominaba apenas se llegó a la independencia.

Pero la serie de disputas de los sectores burgueses de las diferentes provincias centroamericanas para ver quién se dejaba la mejor parte del pastel fue amenazando esos intentos de unidad. La explotación de productos como el café, el añil, el hule, el oro y la playa, que estaban concentrados de manera regional, generó que los intereses de los grandes terratenientes, influenciados por el imperialismo inglés que eran su principal socio, se impusieran en la división de Centroamérica y fracasarán todos los intentos por construir un Estado Federal Centroamericano, el cual debía garantizar un propio desarrollo del capitalismo en la región, como un mercado interno, la industrialización del país, un ejército federal, etc.

Había claras posibilidades de lograr una unidad centroamericana sobre la base de las riquezas naturales, la posición estratégica y los rasgos históricos culturales en común, que permitirían un desarrollo independiente en los términos en que se explicó arriba. Vale la pena hacer mención, por ejemplo, a figuras liberales como Morazán, quien defendía la unificación, pero su intento fue derrotado y luego sería fusilado en Costa Rica en 1843.

Pero para los grandes terratenientes era mejor mantener dividida la región en débiles Estados donde cada oligarquía podían enriquecerse a diestra y siniestra. Para llevar a cabo un desarrollo capitalista independiente había que llevar a cabo una reforma agraria, a lo que se negaron de entrada.

Resulta importante entender que con esa división por países podrían evitar lo que más temen los burgueses en todo el mundo: que las capas medias y los sectores populares se organicen, luchen y amenacen su poder. Así, desde los primeros años, los oligarcas centroamericanos promovieron la división de nuestros pueblos y configurar un capitalismo agroexportador y sumamente dependiente del imperialismo inglés y luego del estadounidense. Desde esos primeros años se puede decir que los rasgos semicoloniales de la región centroamericana se consolidaron; es decir, no eran colonias que dependían políticamente de España, pero sí existía una fuerte dependencia económica hacia el imperialismo inglés.

Una región caracterizada por la lucha contra la dominación imperialista

Pese a la negativa a la unidad centroamericana por parte de las oligarquías, los distintos procesos de lucha antiimperialista que ha vivido nuestra región ponen en evidencia que esta es la principal necesidad para tener una verdadera independencia nacional.  Desde la insurrección de los nonualcos en El Salvador encabezada por el líder indígena Anastasio Aquino, o la resistencia a la invasión de los filibusteros gringos Liderados por William Walker, esta resistencia se recrudecería a inicios del siglo XX.

Se profundizaría la dependencia de las ya naciones centroamericanas (Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala) hacia el imperialismo estadounidense mediante los enclaves bananeros de transnacionales como a United Fruit Company. Esta compañía, fundada por Minor Keith en 1899, pasó a tener grandes extensiones de tierra en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia, Panamá y Costa Rica, donde era dueña de ferrocarriles o empresas de electricidad, no pagaban impuestos, ni compraban productos hechos en los países ya que sus comisariatos eran abastecidos por los barcos que llevaban la fruta a Estados Unidos. Gracias a su profundo poderío económico las compañías bananeras lograron concentrar un gran poder político en la región.

Esta trajo un empobrecimiento general a la población, la sobreexplotación de la clase trabajadora, principalmente del naciente proletariado agrícola. De la mano con esto se fortaleció la represión mediante diferentes dictaduras militares y la injerencia directa de los Estados Unidos que consideraban a Centroamérica como su patio trasero.   

A estas condiciones de intromisión, miseria y saqueo a que estaba sometida la región a manos del imperialismo gringo y las burguesías locales se le suma el impacto de la revolución mexicana y la revolución rusa en los incipientes sectores organizados de la clase, así como la crisis económica capitalista de 1929. Esto lleva a un ascenso de masas de conjunto en la región que tuvo su inicio en Nicaragua con la resistencia del ejército de Sandino a la ocupación yanqui en 1925, pasando por el levantamiento campesino e indígena en El Salvador de 1932. Además, se creó el proletariado bananero como protagonista de grandes huelgas como la del 34 en Costa Rica y la del 54 en Honduras. Condujo a la revolución en Guatemala en el 44 que derrocó al dictador Jorge Ubico, y que produjo los gobiernos nacionalistas burgueses de Arévalo y Jacobo Arbenz, y la huelga bananera de honduras del 54.

 Al final todo este proceso es ahogado a sangre y fuego por el imperialismo y las oligarquías locales, principalmente en El Salvador y Guatemala. Sin embargo, durante estos años fue evidente que el proceso de resistencia fue uno solo, ya que siempre hubo mucha comunicación entre los actores en lucha. En el ejército de Sandino participaron dirigentes como Farabundo quien luego es fusilado producto de la represión en El Salvador por el levantamiento del 32, o en la huelga bananera del 34 en Costa Rica muchos de los dirigentes sindicales eran nicaragüenses que trabajan en las bananeras. Este proceso nos deja una gran lección a los luchadores centroamericanos que hoy construimos la LIT: la resistencia al imperialismo los sectores populares estaban tomando la unidad de Centroamérica como único mecanismo efectivo para derrotarlo.

La revolución centroamericana y la intervención de la LIT

Para nosotros el estallido de procesos revolucionarios a finales de los años 70 y durante toda la década de 1980 comprueban una vez más cómo las condiciones de explotación capitalista y agresión militar afecta de manera conjunta a toda la región, y la respuesta de las masas en un país desencadena una respuesta centroamericana, siempre con desigualdades entre países. En esta coyuntura específica la guerra civil en El Salvador, Guatemala y la revolución nicaragüense en 1979 contra Somoza son los puntos más altos del ascenso, sin descartar la lucha contra las dictaduras en Honduras, la resistencia en Costa Rica contra ALCOA o la huelga bananera del 84.

Estos fueron procesos de resistencia heroicos que demuestran que había condiciones para derrotar al imperialismo en un país como Nicaragua, o como en El Salvador estuvo planteada la toma del poder en 1979 con la caída del dictador Humberto Romero. Algunos elementos de balance de la derrota de estos procesos elaborados por nuestra corriente nos arman como revolucionarios para sacar las conclusiones de estos procesos e intervenir en la lucha de clases.

Los Acuerdos de Paz que ponen fin a la guerra en Centroamérica se dan en el marco de un viraje en la política del imperialismo para la región, el cual obedece a su propia debilidad para controlar la revolución centroamericana por la vía armada. Al respecto, nuestra corriente señalaba hacia mediados de los ochentas en relación a la posibilidad de una intervención armada para resolver la crisis centroamericana: “nosotros debemos seguir manejando la caracterización que la intervención militar directa es la última medida que tomará el imperialismo, por los altos costos políticos y militares que esa medida conlleva y que se podría expresar en que Centroamérica se transforma en otro Vietnam” (Documentos El Socialista, mayo 1985).

Los acuerdos de Esquipulas de 1987, las elecciones en Nicaragua en 1990, los Acuerdos de Chapultepec en El Salvador en 1992 y el Acuerdo por la Paz Firme y Duradera firmado en Guatemala en 1996, representan un giro en la estrategia del imperialismo para derrotar la revolución donde adopta la vía de la reacción democrática.

¿A qué nos referimos con reacción democrática? Significa desviar el descontento y la resistencia de las masas mediante la cooptación de la dirección del movimiento para integrarlos a los espacios de la democracia burguesa, como las elecciones. Sacarlos de las calles, obligarlos a abandonar la lucha armada para integrar a esas direcciones de la lucha al régimen democrático burgués, permitiéndoles participar en elecciones y firmando acuerdos de paz como los que ya se mencionaron.

Si bien el imperialismo nunca descartó la opción de intervenir militarmente como en antaño, la resistencia de las masas y la dinámica de la propia revolución le obligó a que su táctica central pasará a ser la rendición pactada, por la vía de la derrota electoral del sandinismo y el aislamiento de la revolución salvadoreña.

Este proceso de reacción democrática, impulsado por el imperialismo, fue acompañado por la política entreguista y conciliadora de las direcciones de esos movimientos. La dirección sandinista, por ejemplo, “en lugar de llamar a su propio pueblo y a todos los pueblos centroamericanos, de América Latina y de EE.UU., a extender y desarrollar la revolución, abriendo frentes de combate al imperialismo, los llama a someterse a los planes de los gobiernos reaccionarios del grupo de Contadora, cuyo postulado central es el desarme y rendición negociada de la guerrilla salvadoreña”. (Correo Internacional, agosto 1985).

De esta forma se combinan entonces, de un lado la presión del imperialismo y del otro la política contrarrevolucionaria que adoptan organizaciones como el FSLN o el Farabundo Martí.  Ellos apoyaron una salida negociada al conflicto, que estuvo representada inicialmente en las propuestas del Grupo de Contadora, entorno a las cuales cerraron filas por igual el imperialismo, las direcciones insurgentes centroamericanas, el castrismo y el estalinismo. Entre las propuestas que reflejan las políticas de reacción democrática se encuentran: no reconocer los asesinatos cometidos por la burguesía y el imperialismo contra las masas centroamericanas, amnistía a los asesinos del pueblo; la renuncia a apoyar los procesos revolucionarios en curso.

También se dio la realización de elecciones como mecanismo para resolver las diferencias y garantizar las transformaciones necesarias. Es decir, transformar la lucha de clases en una lucha electoral en los marcos del Estado burgués. Finalmente, la desmovilización de las fuerzas “irregulares” (organizaciones guerrilleras) y la continuación del ejército como fuerza represiva del Estado.

Nosotros en la LIT a diferencia de la gran mayoría de la izquierda centroamericana, afirmamos que estos acuerdos tenían un carácter reaccionario y contrario a las reivindicaciones históricas de las masas centroamericanas. Hacia finales de los ochenta no existía mayor contradicción por el fondo en las propuestas de una salida negociada, lo cual significaba una derrota para el conjunto de las masas centroamericanas. De un lado el imperialismo tratando de aplastar la revolución, del otro el castrismo-stalinismo abogando por que Centroamérica no fuera una nueva Cuba, es decir, que no se dieran procesos revolucionarios que expropiaran a la burguesía y expulsaran al imperialismo.

De parte de la LIT planteamos que el rechazo total a estos acuerdos, y que el triunfo de la revolución sandinista debía ponerse al servicio de llevar a cabo una revolución centroamericana y para eso solamente con la unidad de la región contra el imperialismo era el método más efectivo. Siempre llamamos a la clase trabajadora a confiar en sus propias fuerzas, y denunciamos el rol contrarrevolucionario de direcciones como la sandinista que hoy, con Ortega a la cabeza, es una sanguinaria dictadura capitalista contra el pueblo.

Reivindicábamos una revolución socialista que expropiara a la burguesía e instaurara la dictadura del proletariado,  de que el triunfo vendría de la mano con la clase obrera organizada como dirigente de la revolución, acaudillando a los sectores campesinos, medios y estudiantiles, y no estábamos de acuerdo con el método guerrillero que excluía a las masas obreras de asumir un rol activo en la toma del poder y que además no planteaban una ruptura con el imperialismo, sino gobernar con un sector de la burguesía “progresista”.

La Brigada Simón Bolívar: un ejemplo de internacionalismo proletario

Pero nuestra política no se limitó a las elaboraciones o declaraciones. Si bien el trotskismo en la región era prácticamente inexistente, desde la corriente morenista de la IV lanzamos la convocatoria a conformar la Brigada Simón Bolívar para la intervención en la revolución nicaragüense. Cientos de militantes y activistas de Latinoamérica se sumaron a este llamado y combatieron del lado del pueblo nicaragüense contra Somoza, liberando la Ciudad de Bluefields; pese a las críticas hacia la dirigencia sandinista, nos pusimos a su disposición, preservando nuestra independencia.

Luego del triunfo revolucionario la brigada permaneció y se dedicó a la tarea de formar más de 70 sindicatos en todo el país para que la organización de la clase obrera se siguiese desarrollando y así en el terreno de la práctica llevar a cabo nuestra política de construir una dirección clasista que pudiera liderar la tarea de una verdadera revolución socialista.

Sin embargo, ante las diferencias que planteábamos con la dirección sandinista, la brigada fue perseguida y finalmente expulsada de Nicaragua por parte del FSLN con el apoyo de la dirección del Secretariado Unificado liderado por Mandel, que le planteó a la brigada a integrarse al gobierno del FSLN. Así no solo expulsaron a los compañeros del país, sino que los entregaron al dictador panameño Noriega, quien los torturó y reprimió con dureza.

Nosotros reivindicamos plenamente la Brigada Simón Bolívar como una experiencia de lucha e internacionalismo donde enfrentamos en la lucha a una dictadura sanguinaria y abiertamente proimperialista como la de Somoza, pero también mantuvimos la independencia de clase y alertamos que la dirección Sandinista, por su carácter burgués, no era la dirección que la clase trabajadora necesitaba para llevar adelante una revolución obrera y terminaría traicionando las aspiraciones de cambio social de las masas trabajadoras.

La recolonización de Centroamérica

La derrota de la revolución centroamericana, gestada por el imperialismo y acompañada por las orientaciones tácticas y estratégicas del castro-stalinismo, produjo graves consecuencias sobre el conjunto de las masas centroamericanas, las cuales salieron derrotadas y desmoralizadas, teniendo que enfrentar una feroz ofensiva sobre sus organizaciones y sobre sus condiciones de vida.

Esta ofensiva estuvo enmarcada en el proceso de recolonización que se profundiza con la derrota de la revolución, proceso que va a estar representado en los Programas de Ajuste Estructural y el Tratado de Libre Comercio. Los PAES constituyeron un paquete de reformas impulsadas por el FMI a cambio de préstamos que le “permitieran” a los países centroamericanos superar la crisis económica originada por la presión del pago de la deuda externa.

En el marco de los PAES se aplicaron medidas que incorporaban, entre otros aspectos: una mayor apertura comercial al servicio de las empresas imperialistas, desregulación del mercado financiero, la promoción de la actividad exportadora mediante la concesión de exenciones fiscales y financiamiento del Estado, la “reforma” del Estado por la vía de las privatizaciones y la reducción de la planilla estatal, el aumento de la explotación de los trabajadores mediante el aumento en la intensidad de los ritmos de producción, la precarización de las condiciones de trabajo y contratación, la represión contra las formas organizativas de los trabajadores. Esta política fue aplicada al conjunto de la región hacia finales de los ochentas y a lo largo de los noventas, avanzado a ritmos distintos por país, pero de forma generalizada en la región.

A esto le denominamos recolonización porque es un proceso de ajuste caracterizado por una avanzada de la penetración imperialista en la región que profundizan el sometimiento y el carácter de semicolonia al servicio de los intereses imperialistas. Esto se da mediante nuevos enclaves como las zonas francas, como parte de esa inversión extranjera en los noventas producto del establecimiento de exenciones fiscales, las crecientes privatizaciones y un proceso de integración del mercado regional que permite la acumulación de conjunto para imperialismo y la burguesía en toda la región.

Este proceso de avanzada en la recolonización va a tener su expresión más importante en el recién aprobado TLC entre Estados Unidos y Centroamérica. Este TLC fue negociado por los cinco países centroamericanos de conjunto y significó importantes concesiones para el imperialismo y la burguesía centroamericana. El TLC vino a significar la coronación de la avanzada recolonizadora y fue impulsado en el marco de la derrota del ALCA. Las burguesías centroamericanas asumieron la aprobación en cada uno de los países de forma unificada, empeñando todos sus esfuerzos en esa tarea y cerrando filas con el imperialismo.

En el marco de este proceso de recolonización y de derrota de los procesos revolucionarios centroamericanos, la década del 90 fue realmente dura para la clase trabajadora, que veía como se iban implementando todas estas reformas con muy poca resistencia. Incluso a inicios de los 2000, con la serie de revoluciones en países como Argentina, Bolivia y Ecuador, así como la llegada del chavismo al poder en Venezuela, la clase trabajadora centroamericana todavía resentía el golpe de la recolonización neoliberal.

Con el TLC, si bien hubo un ascenso en la movilización, el mismo no dio para superar el signo impuesto por la derrota anterior. En la lucha contra el TLC se evidencia el “contagio” de las masas centroamericanas de la situación revolucionaria que atraviesa América Latina y los resquicios de una derrota que no ha sido superada a falta de una dirección revolucionaria con influencia de masas en la región.

En Costa Rica, la situación fue un poco distinta, donde se venía de un ascenso producto de la resistencia contra la privatización de la electricidad en el año 2000 y la profunda crisis del bipartidismo; en el caso de la lucha contra el TLC fue mucho más fuerte que los demás países, producto de esos factores que se mencionaron, pero también se terminó imponiendo mediante un referéndum tramposo.

Es en el marco de esta coyuntura de resistencia contra los planeas de recolonización que se da la fundación del MAS, hoy PT en Costa Rica, luego de la ruptura con el Movimiento de Trabajadores y Campesinos (MTC). Podemos decir que, en el marco de la lucha contra el TLC y la fundación de esta sección, se inicia un proceso más decidido de reconstrucción de la LIT en Centroamérica, luego de años de aislamiento y dificultad para comprender los fenómenos que estaban emergiendo y también como expresión de la misma crisis de la LIT que durante los años 90 estuvo a punto de desaparecer.

Si bien el MAS, hoy Partido de los Trabajadores, nació como una agrupación con intervención principalmente en el movimiento estudiantil, la relación con la LIT nos llevó a profundizar en esos proceso de balance de la revolución centroamericana y a ubicar como una tarea central la intervención en las luchas en los diferentes países de la región y ponernos a disposición de construir partidos revolucionarios para superar la crisis de dirección, de ahí nuestra disposición colaborar con la construcción de partidos en países como El Salvador, primero con el Movimiento Socialista de Trabajadores y Campesinos (MSTC) y luego la Unidad Socialista de Trabajadores, que se conformó como un polo de lucha y socialista.

En el marco de la llegada al gobierno de parte del FMLN llamamos a no confiar en este gobierno que vendió la lucha armada y hoy es parte de la democracia capitalista. Siempre alertamos sobre su carácter burgués y que tarde o temprano iba a traicionar las ilusiones de las masas luego de 20 años de gobiernos de la derecha oligárquica.  A su vez llamábamos a construir en las luchas una verdadera alternativa clasista y socialista. En este caso el tiempo nos dio la razón ya que tanto el FMLN como ARENA, al asumir un programa que ataca las condiciones de vida de la clase trabajadora sufren una crisis importante, prueba de ello es que hoy gobierna el autoritario populista Nayib Bukele como una expresión de dicha crisis; por supuesto los compañeros de la Plataforma de la Clase Trabajadora se construyen en el marco de una lucha contra este gobierno proburgués.

A su vez en Honduras también nos pusimos a disposición para la formación del PST, acompañando el proceso de lucha de la clase trabajadora contra el golpe de Estado de 2009, contra el fraude electoral en 2016 y luego contra la narcodictadura de Juan Orlando Hernández. Tal y como sucedió en El Salvador, en Honduras el partido LIBRE genera expectativas de un sector importante de la clase trabajadora, pero hemos dicho desde el principio que Mel Zelaya y su partido han sido copartícipes de la explotación del país y no han enfrentado decididamente a JOH, de ahí que ante la enorme presión por gestar una unidad política más allá de las luchas concretas, nos hemos colocado desde un tercer polo clasista, revolucionario y combativo y hemos dicho con claridad que nada bueno podemos esperar de esos gobiernos, de ahí que hacemos un llamado a la construcción de nuestro partido el PST. En estos casos, nuestras secciones han estado en la primera línea de lucha contra los planes neoliberales para la región.

Este es un elemento central para nosotros; en el marco de la crisis del estalinismo surgen nuevas direcciones con un peso mucho menor, pero que causan mucho impacto en las y los luchadores. A nivel programático abogan por otro mundo posible, por ocupar puestos dentro de la democracia burguesa, pero eliminan todo rastro de socialismo y dictadura del proletariado salvo para los días de fiesta. Estas direcciones reformistas y pequeñoburguesas, amparadas en el castrochavismo y el socialismo del Siglo XX no eran nuestra dirección, por eso nunca fuimos parte de ellas y nos construimos con base en exigencias y denuncias hacia estas desde el primer momento.

Desde las secciones de la LIT, participamos de las luchas codo a codo con los trabajadores contra los ajustes neoliberales, la privatización de la salud, la educación, en luchas por la tierra, etc., contra los gobiernos abiertamente neoliberales como los de ARENA, el PLN, PUSC, estos gobiernos con un clarísimo perfil de derecha son enemigos a muerte porque representan los intereses directos del imperialismo en la región. También luchamos abiertamente contra el golpe de Estado en Honduras enfrentando la represión de las fuerzas armadas en las calles.

Pero esa misma actitud de lucha y oposición también la tenemos con los gobiernos y organizaciones denominadas de izquierda o de “Frente popular” como el FMLN en El Salvador, LIBRE en Honduras o el Frente Amplio en Costa Rica. Estas con un ropaje popular, con puestos en la asamblea o en el gobierno, pretenden colocarse como aliadas del pueblo, pero nosotros desde la LIT-CI nos hemos ubicado en un campo de la movilización y de independencia de clase, denunciando estas corrientes y partidos que defienden y protegen los intereses de los grandes capitalistas. 

Además de la lucha en las calles, hemos participado de diferentes procesos electorales en Costa Rica como Partido de los Trabajadores y brindando apoyo a los compañeros de Honduras y El Salvador cuando lanzaron sus candidaturas independientes a diputados con un claro perfil clasista y socialista llamando a la clase trabajadora a que el camino principal para derrotar los planes de los gobiernos, sean de derecha o denominados de izquierda, es la lucha organizada de la clase trabajadora.

Hoy podemos decir con orgullo que el trabajo de construcción de la LIT en Centroamérica va por buen camino y en momentos de pandemia nos hemos situado en por la defensa de la vida del pueblo trabajador contra las políticas criminales del empresariado de priorizar las ganancias; también hemos buscando dar una respuesta conjunta a las principales coyunturas que puedan armarnos como revolucionarios en esos procesos de intervención de la lucha de clases.

Los partidos de la LIT en la revolución nicaragüense de 2018 contra la dictadura Ortega-Murillo

En abril de 2018 se dio un hecho muy importante: lo que inició como un estallido social en contra la reforma de pensiones se transformó en una revolución que puso a la orden del día la caída de la dictadura asesina de Daniel Ortega. Como vimos, desde su surgimiento caracterizamos a la dirección del FSLN como una dirección burocrática, pequeñoburguesa que defiende un programa burgués y que igual que el FMLN en El Salvador, gracias a las políticas de reacción democrática de integración a las instancias del régimen político, se convirtió en un sector burgués con fuerte participación en sectores claves de la economía y en asociación con el imperialismo.

 En el marco de la revolución nicaragüense de 2018 de conjunto los partidos de la LIT nos pusimos del lado de los trabajadores en el proceso y con la política de denuncia permanente a la dictadura de Ortega tal como lo hemos venido manteniendo durante todos estos años.

Se asumió la lucha con la importancia que significa en un país como Costa Rica, donde los trabajadores nicaragüenses superan el millón; son ellos quienes producen la riqueza, se ubican en los trabajos peores pagados y son víctimas de la dictadura patronal instaurada por el empresariado y los partidos burgueses de turno. Además, nos ubicamos en férreo combate a la xenofobia entre las clases trabajadoras que a través de la historia han luchado juntas contra el dominio imperialista.

Participamos decididamente de las movilizaciones de solidaridad impulsadas principalmente en Costa Rica por los trabajadores nicaragüenses por el fuera Ortega y por el juicio y castigo ante los cientos de asesinatos cometidos durante el proceso revolucionario que puso a la orden del día la caída de la dictadura, así como en el combate a las manifestaciones xenófobas reaccionarias que se dieron durante dicha coyuntura en el país.

También en El Salvador y Honduras nuestras secciones hermanas plantearon al movimiento social de dichos países la necesidad de rodear de solidaridad la lucha contra la dictadura en el entendido de que un triunfo por parte del pueblo organizado representa un punto de apoyo importante a las luchas que se libran de conjunto.

Somos seis países, pero una sola nacionalidad y una sola revolución: por la unidad de los pueblos centroamericanos contra el imperialismo

Desde el PT creemos que la construcción de nuestra organización durante estos 15 años va de la mano con la construcción de partidos revolucionarios al servicio de la lucha de los pueblos centroamericanos contra el imperialismo, y reivindicamos el legado de la LIT al plantear que la región se compone de 6 países, pero somos una sola nacionalidad y por ende una sola revolución.

Así lo demuestran los profundos lazos históricos, sociales y culturales entre los pueblos, donde la liberación contra el saqueo imperialista que puede darse en cualquiera de los países debe extenderse a todos los demás para resistir los embates de la contrarrevolución; es así como reivindicamos una salida verdaderamente socialista, la cual pasa por echar al imperialismo de la región, expropiar a las burguesías en los diferentes países, instaurar la dictadura del proletariado y extender los ascensos revolucionarios a toda Centroamérica.

La construcción de este programa por la unificación socialista de Centroamérica solo se dará en el marco de que nuestras secciones, ahora débiles y pequeñas, se mantengan en permanente contacto con la clase obrera y en general los trabajadores, y sus luchas cotidianas por mejores salarios, por una salud, educación de calidad, contra la violencia machista, por la defensa del medio ambiente, contra los acuerdos que entregan nuestra soberanía a las manos del imperialismo. 

Es con la clase trabajadora que queremos construir nuestro programa y derrotar el divisionismo que de manera artificial ha construido el imperialismo y las burguesías locales para explotar a nuestros pueblos; también en una lucha sin cuartel contra los gobiernos que defienden los intereses de los grandes empresarios y las transnacionales, ya sea aquellos abiertamente de derecha o los que se esconden bajo un ropaje de izquierda. Por ello, es un orgullo para nosotros reivindicar que, nacional o extranjera, somos la misma clase obrera, y que seguiremos poniéndonos al servicio de la revolución centroamericana.

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