Declaración de las secciones centroamericanas de la Liga Internacional de los Trabajadores ante la crisis sanitaria y social por Coronavirus

Declaración de las secciones centroamericanas de la Liga Internacional de los Trabajadores ante la crisis sanitaria y social por Coronavirus

La pandemia llegó a Centroamérica para profundizar la barbarie capitalista; al día de hoy se superan los 167 mil contagios y las 5 mil muertes; según los pronósticos de las mismas autoridades de salud los próximos meses del año se aumentarán los niveles de transmisión en toda el área, máxime que la mayoría de gobiernos han relajado las ya de por sí débiles medidas sanitarias impuestas al inicio del brote.

El coronavirus ataca con todo a una de las regiones más pobres del mundo, la cual auguraba en 2020 un leve crecimiento económico antes del COVID, pero que ahora se hunde en la depresión con proyecciones de caída del PIB en hasta -6,2%[1]. El drama social del COVID 19 desembarcó en el área y, al encontrarse con todos los problemas estructurales propios del carácter semicolonial de sus integrantes (economía de enclave, privatizaciones, sometimiento con la deuda, entrega de los recursos naturales), provoca un estallido económico y social que hasta la fecha ha cobrado la vida de más 6 mil personas según datos oficiales, aunque se sabe del ocultamiento de las cifras reales, las cuales son mucho mayores.

En la región, como en todo el mundo, el verdadero responsable por las muertes y la catástrofe social del coronavirus es el capitalismo; un sistema de saqueo, de hambre y de muerte basado en el lucro. Las pandemias no son inevitables, en diferentes momentos de la historia de la humanidad han existido, lo que sí es posible es controlarla, pero el capitalismo con su lógica de explotación crea las condiciones de la catástrofe sanitaria, económica y social de hoy y la cual plantea la auténtica lucha por la sobrevivencia plasmada en el dilema fundamental de socialismo o barbarie.

Una región semicolonial sometida a los dictados del imperialismo

Desde los años 80, con las políticas de reacción democrática para desmantelar los procesos revolucionarios en curso y desviarlos hacia la vía electoral, se viene implementando el recetario económico neoliberal que transformó el rol de Centroamérica en la división internacional del trabajo.

La región empieza a situarse como una economía de enclave donde la mayor parte de la inversión es de capital extranjero y las ganancias también quedan en manos de algunas transnacionales. Empieza a desarrollarse una fuerte política de endeudamiento con los organismos imperialistas (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, entre otros) que generaron una gran dependencia económica y política. También estas entidades exigían como condición para estos préstamos el desmantelamiento del estado mediante privatizaciones de sectores estratégicos, como la banca, los puertos, la electricidad, telefonía, los seguros, y la salud.

Se firmaron tratados de libre comercio con los países imperialistas como Estados Unidos, Canadá, o la misma Unión Europea que implicó comprometer la soberanía alimentaria y llevar a la ruina a gran cantidad de campesinos pobres, así como consolidar el modelo de privatizaciones y el sometimiento de las economías al capital internacional.

Ese carácter dependiente, semicolonial, se expresa en el peso de las remesas producto de la inmigración creciente a Estados Unidos, la cual se da en condiciones de explotación y enfrentándose a la xenofobia y violencia promovida desde los gobiernos y el empresariado norteamericano. Prueba de ello fue la crisis de la caravana migrante desatada a finales de 2018.  En El Salvador un 22% del PIB proviene de las remeses, sobre todo desde Estados Unidos y Canadá[2]; en Guatemala el monto de 13, 8% del PIB también es significativo[3].

A esto se le suma la fuerte militarización con bases estadounidenses en Panamá y Honduras, además de las fuertes sumas de dinero entregadas a los ejércitos y fuerzas de seguridad de la región para supuestamente luchar contra el narcotráfico, pero en la realidad es una estrategia más de sometimiento, represión y persecución a los movimientos sociales para preservar la estabilidad en la región.

Todos estos elementos marcan la realidad de la región la cual caracterizamos como semicolonial. Esto significa que, si bien a inicios del siglo XIX nuestros países adquirieron una independencia administrativa y política de España, en el plano económico y militar se opera una total dependencia y sometimiento de la soberanía centroamericana a los dictados del imperialismo, principalmente estadounidense, con la complicidad de las burguesías locales quienes se hicieron aún más ricos con la entrega de los recursos del país.

El drama social de la pandemia en Centroamérica

La pandemia encontró a la región centroamericana en una dura realidad marcada por la miseria para la mayoría de la población. En Nicaragua, por ejemplo, son más de 2 millones de pobres[4], y en Costa Rica 337 mil hogares están bajo esta condición; además el enorme componente informal de las economías es claro: en países como El Salvador y Honduras el 70[5]% y 58[6]% respectivamente trabaja bajo esta condición. Esto lleva también a que la clase trabajadora centroamericana sufra precarias condiciones de vivienda, con muy poco acceso a salud y educación de calidad.

Al lado de esta miseria de las condiciones de vida hay una minoría, un puñado de empresarios muchos de ellos vinculados con el capital imperialista que ha concentrado una enorme cantidad de riqueza a costa de la explotación del pueblo.

Los cuatro primeros multimillonarios del ranking de la revista Forbes Rodolfo Jiménez, tienen una fortuna total de 6 mil 400 millones de dólares similar a todo el presupuesto nacional de El Salvador para 2020.  Según un estudio de Oxfam en el 2005, 160 de los millonarios salvadoreños controlan el 87% del PIB de ese país. En Honduras, los ingresos de uno de los multimillonarios de Forbes son 4 mil veces más grandes que los ingresos del 20% más pobre de ese país.

Mientras tanto, la clase trabajadora muere en por la pobreza, el hambre y el coronavirus producto del desmantelamiento del sistema de salud y el saqueo de los recursos de los países a manos de estos multimillonarios.

Todo esto influye en que la pandemia haya llegado con toda la fuerza a los países de Centroamérica. Ante esta realidad todos los gobiernos han llamado a la unidad nacional, al afirmar que todos estamos en un mismo barco para enfrentar la pandemia, cuando la realidad indica totalmente lo contrario.

El colapso de los sistemas de salud

El COVID 19 desnuda las debilidades de los sistemas de salud que durante años han sido privatizados o bien sus presupuestos se han recortado de manera dramática, de ahí que exista un faltante de camas, insumos médicos, equipo de protección para la población pobre y especialmente para el personal sanitario.

Estos últimos dos meses se ha visto un aumento de casos y se puede afirmar que en todos los países del área se alcanzó la transmisión comunitaria; en Costa Rica se dio el récord de casos por día, con 931[7], mientras que en Guatemala, con 62 mil casos totales, se contabilizan más de mil diarios durante varios días de julio. Pese a ese incremento sustancial, los gobiernos siguen relajando las medidas para beneficiar al gran empresariado y no destinan los recursos necesarios para el sistema de salud.

Si con la llegada del coronavirus se presentó el caos en los hospitales, este nuevo momento inevitablemente llevará al colapso definitivo de los sistemas de salud del área. Esto significa que habrá más pacientes en condición crítica y una faltante de ventiladores, equipo de protección, o camas UCI.

La ya débil infraestructura hospitalaria ha colapsado en países como Honduras donde se reportan más de 50 mil casos y 1600 muertes. La tragedia social en ese país dio la vuelta al mundo con imágenes de la saturación en los hospitales y clínicas donde se ven decenas de pacientes postrados en colchonetas en los pasillos, conectados a tanques de oxígeno esperando acceder a una cama, o bajo carpas afuera de los centros hospitalarios sujetos a las inclemencias del tiempo.

En Nicaragua la dictadura de Ortega-Murillo dice que “no pasa nada” y se empeñan en ocultar las cifras reales que, de acuerdo con el observatorio ciudadano superan los 9 mil casos y 2500 muertes. Este país las autoridades someten a un completo genocidio a la población con un sistema de salud devastado, con 12 camas hospitalarias, diez médicos, ocho enfermeras y nueve auxiliares por cada 10.000 habitantes según el Ministerio de Salud[8].

Son las y los trabajadores de la salud quienes sufren las consecuencias; en Honduras más del 40% del personal médico está contagiado[9]; en El Salvador, donde han muerto más de 70 trabajadores de la salud por Covid[10], personal del Hospital Rosales denunció varias veces falta de equipo e infraestructura básica para hacerle frente a la pandemia; a esto hay que sumarle las extensas jornadas laborales sin pago de horas extra y el correspondiente deterioro de la salud mental de estos trabajadores que están en la primera línea de combate.

La dura realidad de los sistemas de salud públicos, sometidos a la lógica neoliberal a manos de los gobiernos burgueses, contrasta con la dinámica de opulencia de los grandes hospitales privados, quienes siguen lucrando y están a disposición de los ricos. Solo en 2018 este sector invirtió más de 800 millones de dólares en toda la región[11]. La cara de la privatización del sistema de salud la completa la especulación y las jugosas ganancias del mercado farmacéutico que ha encarecido el precio de los medicamentos para la mayoría del pueblo. La pandemia ataca a todos, pero la clase trabajadora sufre un mayor impacto, por eso no podemos decir que estamos en el mismo barco.

Los gobiernos priorizan las ganancias por encima de la salud

A nivel de los gobiernos, estos, de conjunto, han aplicado la política de poner en primer lugar las ganancias del gran empresariado por encima de la salud y la vida del pueblo trabajador. Se ha denunciado la falta de medidas sanitarias por parte de las empresas que en su mayoría siguen funcionando de manera normal, mientras los casos de COVID van en aumento. El problema del transporte público ha sido muy grave porque más bien se han recortado las unidades y los trabajadores viajan en condiciones de hacinamiento, lo que los hace aún más propensos a adquirir el virus.

Las grandes empresas exponen a los trabajadores a focos de contagio porque para ellos no aplican las cuarentenas ni las leyes laborales. Las medidas sanitarias, el distanciamiento social y el acceso a equipos de protección brillan por su ausencia y los gobiernos cómplices se niegan a aplicar multas, todo para que sigan generando riqueza mientras el pueblo se muere de hambre y con un mayor riesgo de morir por coronavirus.

Constantemente se oyen a las cámaras empresariales exigiendo la relajación de las medidas de confinamiento porque cualquier obstáculo que se interponga en su afán de aumentar su riqueza se debe eliminar.

Los gobiernos, los grandes medios y el sector empresarial atribuyen el aumento de casos a la irresponsabilidad individual de quienes no cumplen las medidas, y duplican el discurso de quedarse en casa. Para la clase trabajadora esta no es una opción porque al depender de un salario debe salir a ganárselo todos los días, máxime con las políticas de los gobiernos de negarse a aplicar una cuarentena real para todos con todas las garantías salariales.  Por eso vemos que los focos de contagio más grandes se dan en los centros de trabajo: fábricas, plantaciones, call centers; en el transporte público y las viviendas o cuarterías donde vive la clase trabajadora hacinada y sin acceso siquiera a agua potable.

 Los burgueses, en cambio, han incrementado sus ganancias y no sufren el drama social de los pueblos pobres porque tienen todas las condiciones económicas para hacerle frente a la pandemia. Además los grandes negocios siguen funcionando con normalidad mientras que la ruina para los pequeños comerciantes trae aún más pobreza.

En plena emergencia sanitaria mundial, donde mueren miles de trabajadores centroamericanos, los gobiernos priorizan la entrega dinero público a las grandes empresas bajo el pretexto de reactivar la economía, en lugar de destinar estos recursos para fortalecer los sistemas de salud.

Con la excusa de la pandemia, los gobiernos entreguistas de la región han atacado las condiciones laborales tanto de trabajadores públicos como privados. En Costa Rica congelaron los aumentos salariales durante cuatro años, recortaron incentivos como la anualidad. También se han aprobado leyes para darle potestad a la patronal para realizar despidos o bien aumentar las jornadas laborales con reducción de salarios. Como en toda crisis, las medidas proburguesas de los gobiernos buscan descargar los costos sobre los hombros de la clase trabajadora.

Como forma de contener la crisis los diferentes gobiernos intentaron implementar sin éxito medidas de asistencia social como los bonos proteger en Costa Rica o un monto de 300 dólares en El Salvador. Estas resultaron insuficientes porque representan montos muy reducidos y solo cubrían a un pequeño grupo de la población en comparación con la gran masa que los necesita. También se aplicó la postergación del pago de cuotas de préstamos, una medida que en el mediano o largo plazo perjudica a los trabajadores porque siempre deben pagarlos más adelante.

En el caso de El Salvador se muestra el servilismo del presidente Bukele, quien con bombos y platillos anunció un decreto para que las empresas pagaran la cuarentena a los empleados, pero se ha convertido en una disputa interburguesa porque la oligarquía se opone y la instancia judicial rechazó la ley. Este gobierno que en apariencia se plantea como progresista muestra sus límites porque se queda en el ámbito institucional y no defiende a fondo los intereses de las y los trabajadores.

Se muestra también una tendencia a aplicar recortes presupuestarios los cuales afectan sensiblemente la capacidad de atender la emergencia porque significa menos dinero en el sector salud, la atención a los sectores vulnerables en aspectos como vivienda, a las universidades. Los gobiernos justifican estos recortes porque se necesita trasladar esos recursos para combatir la pandemia. Esta es otra de las mentiras. 

En media pandemia se recorta para garantizar puntualmente el pago de los intereses de la deuda; también se recurre a nuevos préstamos con los organismos financieros. En su afán por no tocar a los grandes ricos y evasores fiscales, se impone más endeudamiento que aumenta aún más el sometimiento de nuestros países al imperialismo, debilitando lo público y en el fondo no destinando los recursos suficientes para combatir la pandemia. Destinar más recursos al pago de la deuda es condenar a la clase trabajadora a morir.

La pandemia se ensaña contra las mujeres

La explotación del capitalismo recae duramente sobre las mujeres, quienes son doblemente explotadas: tanto por su condición de mujer como por su situación laboral precarizada, donde existen profundas desigualdades en cuanto a acceso, la remuneración y la sobreexplotación en relación con el hombre. Con la pandemia esto se ha profundizado porque además muchas laboran en la informalidad.

Las medidas restrictivas de circulación y cierres de los pequeños negocios han impactado duramente, máxime si se tiene que los bonos son insuficientes y además no existe apoyo de ningún otro tipo. La pandemia expone más a las mujeres a la pobreza, desigualdad y las hace aún más vulnerables a focos de contagio porque tienen los peores trabajos en las peores condiciones.

Los meses previos a la pandemia en Costa Rica, por ejemplo, muestra que la tasa de desempleo abierto para ellas es del 18%, frente a un 8,6% de los hombres. Ya en pleno coronavirus la situación económica empeoró: 37.525 mujeres han solicitado el bono Proteger porque han visto su jornada laboral reducida, 25.179 por suspensión de contrato y 71.484 por despido[12].

A esto hay que sumarle que con las medidas de confinamiento viene un incremento de la violencia machista. Ha aumentado la sobrecarga en las labores domésticas y también las agresiones de todo tipo (violaciones, agresiones físicas y verbales), acoso y asesinatos a manos de sus parejas.  En Honduras se reportan más de 44 mil denuncias por violencia de género desde que comenzó la pandemia[13]; en El Salvador, durante abril se registraron al menos 16 femicidios[14]. Los recortes presupuestarios afectan el combate a la violencia contra las mujeres, mientras que se sigue destinando más recursos a los intereses de la deuda.

Bajo el capitalismo la violencia machista afecta a todas las mujeres, pero la desigualdad y la pobreza no. Las mujeres trabajadoras viven la explotación en carne viva, así como la violencia con mayor fuerza y con mayor desprotección; las mujeres burguesas en cambio tienen acceso a salud en hospitales privados, en cambio para las trabajadoras está el deterioro de sus condiciones de vida lo que las hace no estar en el mismo barco.

Aumento del autoritarismo y la represión

Una de las medidas tomadas es la restricción al tránsito, se cerraron los aeropuertos y por momentos las fronteras terrestres. Con respecto a la circulación entre los países gobiernos como los de El Salvador y Honduras han aplicado mano dura contra el pueblo trabajador con el pretexto de la pandemia, llegando incluso a reprimir y encarcelar a quienes infringen estas medidas que en su mayoría van contra el sector informal que necesitan salir a trabajar todos los días para sobrevivir y ante las débiles medidas de apoyo no les queda otra opción que exponerse tanto al virus como a la represión de los gobiernos.

Mención especial merece la situación en Nicaragua donde la dictadura sanguinaria de Daniel Ortega se ha negado a aplicar cualquier medida para enfrentar el Covid 19 como si el país fuera inmune. De manera irresponsable ha convocado actos masivos, mantiene operando con normalidad a toda la economía y centros educativos, además de mantener su política de represión intacta. Los datos oficiales de la pandemia que reporta el gobierno es de 4115 contagiados y 128 fallecidos[15], muy lejos, como ya se dijo, de los más de 9 mil caso y 1300 muertes contabilizadas por el Observatorio Ciudadano.

Una y otra vez la dictadura Ortega-Murillo asegura que la economía no puede detenerse y culpa al gobierno de Costa Rica por su manejo de la crisis sanitaria. Esta estrategia es la misma para dividir a la clase trabajadora de ambos países y seguir aplicando su política de golpear a la clase trabajadora y maximizar las ganancias de los sectores burgueses.

En Honduras las narcodictadura del presidente Juan Orlando Hernández (JOH) combina la política de recortes (el congreso quitó 100 millones de lempiras al presupuesto de salud, que luego fueron reasignados a la Secretaría de Seguridad) con la corrupción. Se recibieron 420 millones de dólares manejados directamente por el Poder Ejecutivo, es decir, JOH y su círculo cercano, así como 24 millones de lempiras que el BCIE destinó para el régimen de JOH por declarar estado de emergencia; hace poco se destapó que buena parte de ese dinero se utilizó para comprar equipo usado y JOH con el descaro y la corrupción que lo caracteriza dijo no saber nada.

Este aumento de la represión y el autoritarismo se combina con una escalada xenófoba principalmente en Costa Rica, se busca culpabilizar del aumento de casos a la inmigración nicaragüense. Este es un mecanismo para dividir a la clase trabajadora y evitar que se sienten las verdaderas responsabilidades que recaen en el sector empresarial y los gobiernos que todos los días exponen a los sectores populares a ir a trabajar sin las medidas necesarias.

En frontera norte de Costa Rica con Nicaragua la culpa la tienen los empresarios de las plantaciones que emplean mano de obra nicaragüense en condiciones de semiesclavitud a vista y paciencia de las autoridades. En este caso la escalada xenófoba ha servido de excusa para militarizar la frontera y perseguir a los migrantes a lo interno del país, mientras los grandes ricos siguen explotando porque se vive en una dictadura patronal en el sector privado donde se violentan conquistas elementales como el derecho al salario mínimo y la libre sindicalización.

La clase trabajadora en pie de lucha

Pese a las medidas restrictivas y el peligro de contagio que trae consigo la pandemia, la clase trabajadora ha empezado a responder con lucha por la base. Esto es así porque con la pandemia empeoran las condiciones miserables de vida ya existentes, junto con las coyunturas específicas que cada país experimentaba antes de la pandemia. En Costa Rica la lucha contra las políticas de recortes y ataques a los salarios se ha dado, aunque de manera aún inicial; en El Salvador el descontento de la población pobre es enorme debido a que la ayuda de 300 dólares resulta insuficiente; la empresa Industrias Florenzi, aprovechando la pandemia, despidió a las obreras del sindicato y se mantienen durante más de un mes luchando por el pago de prestaciones. En Panamá también se dieron movilizaciones y cierres de vía que reclama ayuda económica, medidas laborales e insumos de salud.

Uno de los puntos de resistencia mas importante se ve en Honduras, donde el pueblo pobre se autoorganiza en los barrios para exigir ayuda económica suficiente y medidas de protección, protestas duramente reprimidas. Importante fue la huelga en la Cervecería Hondureña por el reintegro de los despedidos, el pago de los salarios adeudados y la no persecución de los huelguistas. Estas luchas ligadas al deterioro de las condiciones de vida de la clase trabajadora en el marco de la pandemia se suman a la resistencia de la comunidad Garífuna de El Triunfo de la Cruz en Tela, Atlántida, exigiendo la liberación de cuatro líderes secuestrados el pasado 18 de julio.

Los trabajadores de la salud  de Centroamérica han estado en la primera línea de combate de la pandemia por su atención a nivel de personal sanitario, pero también han protagonizado protestas porque detrás del discurso hipócrita de los gobiernos que los coloca como “héroes”, la realidad es diferente ya que son sometidos a extenuantes jornadas sin aumentos salariales,  no cuentan con batas, mascarillas, guantes ni alcohol en gel suficientes para garantizar su labor, prueba de ello son los numerosos casos de COVID entre el personal sanitario.

Estas luchas han topado con la actitud conciliadora de las burocracias sindicales que con tal de defender sus privilegios le siguen el juego a los discursos de los gobernantes de que “este no es el momento de salir a las calles”. El malestar y la desesperación del pueblo trabajador se empieza a hacer sentir; para que esto se extienda más hasta convertirse en un verdadero estallido social es necesaria también la lucha contra las direcciones conciliadoras que no buscan ir a fondo en su enfrentamiento contra el gran capital.

Un plan de emergencia desde los trabajadores para enfrentar la pandemia

El drama social del coronavirus vino a confirmar una vez más, como sucede con las crisis económicas o las guerras, la lógica desalmada del capitalismo en su fase imperialista. El colapso de los sistemas de salud, las terribles cifras de muertes, miseria y desempleo en todo el mundo muestran las consecuencias de una sociedad basada en el lucro que beneficia a unos pocos, mientras la mayoría explotada es cada día más pobre y la que pone los muertos en esta crisis sanitaria.

Basta de engaños, de ocultar los datos reales de contagio y muertes; basta de los llamados a la unidad nacional, de decir que todos estamos en el mismo barco cuando claramente los burgueses, quienes pueden acceder a los mejores hospitales y pasan sus cuarentenas en mansiones, no viven el drama social del pueblo trabajador.

Por eso decimos que para derrotar al coronavirus hay que aplicar medidas contundentes que ataquen las causas de raíz al imperialismo, cualquier otra salida representa condenar a la clase trabajadora a más miseria y muerte. Necesitamos una salida desde los sectores populares para enfrentar la pandemia.

Para detener el avance de coronavirus es necesaria la lucha organizada de toda la clase trabajadora de la región centroamericana desde las bases en los barrios, fábricas, plantaciones, hospitales, clínicas, oficinas del estado para exigir cuarentena generalizada para todas las actividades no esenciales con salario completo para todas las y los trabajadores como la manera más eficaz de defender la vida del pueblo.

Los llamados a quedarse en casa se vuelven inútiles si no se le dan las condiciones a las familias trabajadoras para comprar alimentos básicos y también todos los insumos de protección y de limpieza. Las empresas dirán que no pueden costear los salarios, y como hemos visto más bien han realizado despidos, pero justamente es necesario discutir que ellos nunca van a reconocer que con las enormes ganancias acumuladas durante años de explotación tienen dinero para pagar todos estos salarios.

Para los sectores de producción de alimentos, insumos médicos, trabajadores de la salud y otras actividades esenciales se necesita un aumento general de salarios y aplicación de la escala móvil de horas de trabajo para que puedan laborar menos horas sin rebajos salariales y se contraten a más trabajadores y así mejorar la atención y principalmente dignificar estos sectores que están en la primera línea de combate a la pandemia.

Es necesario volcar toda la producción no esencial para aplicar test masivos, producir mascarillas, batas, alcohol en gel, y demás insumos y equipo de protección. Se necesita también para adquirir ventiladores, respiradores, ampliar la infraestructura hospitalaria y la ampliación de la capacidad de las Unidades de Cuidados Intensivos.

Para todo esto es urgente designar recursos, por eso exigimos que se suspenda el pago de la deuda, se eliminen los privilegios a las zonas francas y el gran capital, y se establezca un impuesto a las grandes fortunas. Estas medidas económicas de enfrentamiento al imperialismo son la solución de fondo para la adquisición de los recursos necesarios para defender la vida del pueblo trabajador. Basta de ataques a los salarios y las condiciones de vida del pueblo pobre, basta de recortes a los presupuestos públicos.  Estamos en una emergencia sanitaria mundial y en países semicoloniales como los nuestros es de vida o muerte estas medidas para tener recursos a disposición de fortalecer los sistemas de salud públicos

Es necesaria la expropiación de los hospitales privados y disponer todos sus recursos e infraestructura para el combate a la pandemia. Ellos han lucrado todos estos años a costa de la privatización de los sistemas de salud, de ahí que la nacionalización de la salud privada bajo control de los trabajadores sea una tarea urgente y de recuperación de lo que tanto nos han robado. Se debe ejercer un control de precios a los medicamentos, basta de la especulación de las grandes compañías farmacéuticas para quienes la salud solo es un negocio, de ahí la necesidad de que se garantice acceso gratuito a los medicamentos para enfrentar esta crisis sanitaria.

El acceso a una alimentación de calidad durante esta crisis se debe garantizar mediante el congelamiento de precios para acabar con el acaparamiento y el lucro despiadado en beneficios de unos pocos, solo de esta manera podremos no solo no morirnos de hambre, sino generar un sistema inmunológico fuerte en niños y adultos mayores que resista los embates del coronavirus.

Es necesario acabar con las condiciones deplorables de vivienda en la que miles de centroamericanos pasan este momento, por ello necesitamos promover la ocupación de edificios ociosos y hoteles para albergar a las familias que hoy viven hacinadas en constante riesgo de contagios. También urge fortalecer los presupuestos públicos para construir viviendas de calidad con todos los servicios básicos.

Se debe nacionalizar la banca privada y que funcione bajo control de los trabajadores de manera que condonen todas las deudas de los trabajadores y los pequeños comerciantes, muchas de ellas con tasas de interés de usura que hacen que los salarios no alcancen. Hoy por hoy los pequeños comercios y las familias que están en la informalidad están en la ruina, muy diferente a la realidad de los grandes empresarios que más bien siguen haciéndose más millonarios. Por eso nacionalizando la banca se puede costear la cuarentena total para ellos y que accedan a crédito barato de modo que puedan solventar su situación.

La pandemia y las medidas de cuarentena trajeron el aumento de la violencia machista en las casas, así como los femicidios y las violaciones. Es necesario un alto a la violencia contra las mujeres, los sectores LGBTI, a las comunidades indígenas, afrodescendientes y migrantes.

Para evitar el aumento de la jornada laboral de las mujeres durante la cuarentena se hace urgente la reducción de horas de trabajo sin reducción del salario tanto en sus centros de trabajo como el teletrabajo.

Por ello exigimos un incremento de la inversión pública para la atención psicológica, casas de refugio y demás políticas de protección a las mujeres y demás sectores oprimidos para defender también a la infancia contra la violencia intrafamiliar durante el confinamiento. 

Hay que enfrentar los discursos xenófobos que culpan a los migrantes por el aumento en los casos de Covid, por eso exigimos alto a la discriminación por raza, nacionalidad u orientación sexual en la asistencia médica, por el establecimiento de centros hospitalarios provisionales en las fronteras y un alto a la militarización y las deportaciones. Por el cierre de las empresas que someten a los trabajadores migrantes a condiciones de semiesclavitud.

El combate al Covid también implica enfrentar las medidas autoritarias y represivas de los gobiernos, quienes aprovechan la pandemia para perseguir, reprimir y encarcelar a los trabajadores. Por eso no puede haber lucha contra la pandemia si no se exige la salida de los dictadores JOH en Honduras y Ortega en Nicaragua, responsables directos de las muertes por Covid en esos países.

Por una alternativa revolucionaria

El capitalismo muestra una vez más su fracaso como sistema incapaz de garantizar condiciones mínimas de sobrevivencia para la mayoría de la población. Por eso estas medidas deben ir acompañadas de un combate implacable contra el imperialismo y sus lacayos regionales.

La actual coyuntura avanza hacia un periodo de mayor polarización, producto del endurecimiento de las condiciones precarias de las masas trabajadoras. Se asoma una época de crisis, revoluciones y contrarrevoluciones donde la lucha de clases le impone a la clase trabajadora como tarea fundamental la necesidad de derrotar los planes hambreadores del capitalismo.

Todas estas propuestas de emergencia van a provocar el rechazo de los burgueses nacionales y extranjeros, quienes durante todo este periodo de pandemia han reaccionado contra cualquier medida que limite el libre comercio y siempre empujando por el relajamiento de las medidas.

Ante esta necesidad la clase trabajadora enfrenta no solo a las dictaduras capitalistas, regímenes democrático burgueses, partidos reformistas, sino también a las mismas direcciones burocráticas del movimiento sindical que buscan impedir a toda costa el desarrollo de cualquier lucha independiente y se limitan a pedir la aplicación de los protocolos sanitarios en los centros de trabajo.

Nosotros no nos hacemos ilusiones en que van a renunciar a sus intereses de clase burguesa. Con el desarrollo científico del capitalismo llegará la vacuna y la superación de la pandemia, pero las consecuencias nefastas contra la clase trabajadora ya no se pueden revertir; debido a esa lógica voraz del capitalismo basada en el lucro por encima de la vida, vendrán más crisis, guerras y pandemias aún más asesinas.

Por eso consideramos como una tarea central para superar la actual crisis de dirección y enfrentar a fondo el imperialismo es la unidad de la clase trabajadora centroamericana que pasa por la construcción de una dirección revolucionaria para derrotar al capitalismo y saque del poder y expropiar a la burguesía, detener el saqueo imperialista y construir otro tipo de sociedad, al servicio de la salud, de solventar las necesidades básicas y por el bienestar de la población trabajadora.

Queremos llamar a los activistas de las luchas en la región a sumarse a este esfuerzo de construcción de partidos revolucionarios por parte de la Liga Internacional de los Trabajadores, un esfuerzo inicial al servicio de la construcción de una internacional revolucionaria, como forma de enfrentar la catástrofe capitalista que atenta contra la vida de la clase trabajadora y poder construir una sociedad socialista.


[1] https://www.voanoticias.com/centroamerica/cepal-pib-caida-centroamerica
[2] https://historico.eldiariodehoy.com/historico-edh/105244/el-22-2-de-la-produccion-del-pais-se-apoya-en-las-remesas.html
[3] https://elperiodico.com.gt/inversion/2020/01/09/en-2019-las-remesas-familiares-alcanzaron-13-8-por-ciento-del-pib/
[4] https://www.elnuevodiario.com.ni/economia/496943-pobreza-nicaragua-crisis-economica/#:~:text=Eso%20llevar%C3%A1%20la%20tasa%20de,finalizar%20el%202019%2C%20indic%C3%B3%20Funides.&text=%E2%80%9CEsto%20es%20entre%200.1%20y,tarifa%20de%20la%20energ%C3%ADa%20el%C3%A9ctrica.
[5] https://www.elsalvador.com/noticias/negocios/cuarentena-coronavirus-covid-19/719601/2020/
[6]https://forbescentroamerica.com/2020/02/17/bm-el-58-de-los-empleados-hondurenos-trabaja-de-manera-informal/
[7]https://delfino.cr/2020/07/nuevo-record-costa-rica-reporta-931-nuevos-casos-de-covid-19-y-11-nuevos-fallecimientos
[8] https://saludconlupa.com/noticias/coronavirus-en-nicaragua-un-viaje-al-pais-del-aqui-no-pasa-nada/
[9] https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-53424546
[10] https://www.telesurtv.net/news/medicos-salvadorenos-exigen-medios-proteccion-coronavirus-20200716-0018.html
[11] https://www.centralamericadata.com/es/article/home/Salud_en_Centroamrica_810_millones_en_inversiones
[12] https://semanariouniversidad.com/pais/el-covid-19-carga-con-mas-desempleo-y-desigualdad-a-las-mujeres/
[13] https://www.telesurtv.net/news/honduras-incremento-denuncias-violencia-genero-20200610-0006.html
[14]https://www.elsalvador.com/opinion/editoriales/cuarentena/711563/2020/
[15] https://www.infobae.com/america/agencias/2020/08/15/observatorio-reporta-2626-muertos-con-signos-de-la-covid-19-en-nicaragua/
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