La participación electoral del PT y su método revolucionario

La participación electoral del PT y su método revolucionario

El Partido de los Trabajadores se encuentra a punto de arrancar en su nuevo proceso de renovación de estructuras con miras a participar de las elecciones en el 2022. En esta coyuntura particular, y a la luz del quinceavo aniversario de la organización, resulta de gran importancia repasar la consistencia de su política revolucionaria expresada ya en tres procesos electorales anteriores.

Participación electoral desde una teoría revolucionaria

Como una organización fiel al marxismo revolucionario, el PT ha inscrito su participación electoral en la concepción y principios comunistas delineados por Marx y en particular por las orientaciones de la III Internacional Comunista en sus cuatro primeros congresos.

Tal y como advirtieron Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, los gobiernos del Estado moderno siguen siendo una junta que administra los negocios de la clase burguesa. El Estado, como mostro Lenin, sigue siendo un instrumento de dominio político y económico de los explotadores sobre los explotados y la democracia burguesa el mejor disfraz para que los primeros puedan dominar[1].

Bajo estas premisas, les corresponde a los partidos revolucionarios la tarea de organizar a la clase trabajadora para luchar contra el estado burgués que la oprime y edificar mediante una revolución una sociedad comunista.

En el camino de luchar y preparar dicha revolución, sin embargo, organizaciones como el PT deben participar de los procesos electorales, siempre y cuando esto sirva a su propósito principal. Al hacerlo deben actuar para desenmascarar las falsas promesas de los partidos burgueses, del capitalismo y del sistema democrático e impulsar el programa y los métodos de la revolución socialista entre las masas trabajadoras.

Aunque en breve, lo anterior sintetiza los pilares que sustentaron la participación del Partido de los Trabajadores en las elecciones de 2010, 2014, 2016 (municipales) y 2018. Creemos, de cara a estos nuevos comicios altamente influenciados por los efectos de la pandemia y la crisis económica, que dichas lecciones legadas por los clásicos están hoy más vigentes que nunca.

Una democracia que salva a los ricos y condena a los pobres

Actualmente la clase trabajadora de nuestro país cuenta con la experiencia de haber sido gobernada por el PAC y su aliado, el Frente Amplio, por dos periodos consecutivos.

Creemos que esos 8 años permiten plantear una conclusión fundamental sobre la democracia: no importa que discursos o promesas utilicen en sus campañas electorales, o que tan nefasto parezca el partido competidor o el que antes estuvo en el gobierno, ningún partido político es capaz de concretar cambios significativos a las injusticias del capitalismo dentro del terreno de las elecciones y sus reglas burguesas. 

La razón de esto, como sostenía Lenin, es que “los explotadores transforman inevitablemente el Estado en instrumento de dominio de su clase, de la clase de los explotadores, sobre los explotados. Por eso, aun el Estado democrático, mientras haya explotadores que dominen sobre una mayoría de explotados, será inevitablemente una democracia para los explotadores.”[2].

Ambos, el PAC y el Frente Amplio llegaron al poder gracias a haber capitalizado en el terreno de las elecciones el altísimo descontento de las masas populares con los tradicionales PLN y PUSC y la crítica situación social y económica en la que venían sumiendo al país.

Durante 2014-2018 se presentaron como la alternativa al “bipartidismo neoliberal” y en las últimas elecciones, pese a haber desencantado a muchísimos votantes luego de su primera gestión, se mostraron como la salvación frente a las fuerzas del “odio y la discriminación a los derechos humanos” de Restauración Nacional.

Lo cierto es que pese a estos eslóganes de campana electoral y las ilusiones que despertaron, la alianza PAC-FA terminó por darle un gigantesco impulso a la agenda neoliberal que había estado varada en el país desde la aprobación del TLC en el gobierno Arista.

Durante su gestión se privatizo JAPDEVA, se retrocedió al desfinanciamiento de la educación típico de los ochenta por la vía de la aprobación de FEES anuales, se aprobó una reforma fiscal con Impuesto sobre el Valor Agregado y fuertísimos ataques al empleo público, y otra reforma laboral que restringe el derecho de huelga y limita severamente el poder de las organizaciones sindicales del país. El país entro a la OCDE y expandió los privilegios fiscales de zona franca para capitales extranjeros y nacionales, incrementado así la subordinación del país a las potencias imperialistas y a los grandes capitales.

Para lograr esto el gobierno tuvo que echar mano de un gran arsenal de represión física y legal poco visto en las últimas décadas y que involucro medidas como enjuiciamientos políticos, impedimento a la libertad de tránsito y fuerte represión de antimotines.

Finalmente, el verdadero carácter pro capitalista de esta alianza ha salido a relucir en los últimos 6 meses de crisis económica y pandemia en los que el gobierno ha impulsado sendas medidas de protección para el gran empresariado, pero muy pocas para la clase trabajadora que hoy es asediada por el desempleo, las suspensiones, el faltante en los bonos proteger y el riesgo que supone ir a trabajar sin medidas reales en los medios de transporte y centros de trabajo. 

Programa y método revolucionario en las elecciones

Durante todas sus campañas el partido ha buscado aplicar las enseñanzas del marxismo revolucionario en el terreno electoral con el fin de convertir su participación en un punto de apoyo para la organización política de la clase trabajadora y su educación revolucionaria. 

Una de sus principales distintivos fue el programa político que el partido ha propuesto. El PT usó cada campaña como una oportunidad para desnudar las grandes mentiras de los partidos burgueses y del capitalismo que circulan cada cuatro años y proponer soluciones socialistas a grandes problemas como la pobreza, el desempleo y la opresión contra las mujeres y los inmigrantes.

Entre sus principales propuestas destacaron el impulso a la organización sindical y el derecho de huelga de la clase trabajadora del sector privado como única forma de combatir la dictadura de los patrones en los centros de trabajo, garantizar respeto a los derechos laborales y conseguir verdaderos aumentos salariales que combatan la miseria.

La suspensión del pago de la deuda pública con los grandes acreedores privados y la ruptura de todos los acuerdos comerciales que someten económica y financieramente al país. La implementación de una jornada laboral de 40 horas semanales sin rebaja salarial para la creación de mayores empleos. La nacionalización de las empresas y recursos naturales claves para el desarrollo del país. La implementación del aborto seguro, libre y gratuito en el servicio de salud pública, así como la creación de guarderías, comedores y lavaderos públicos que le permitan a la mujer trabajadora liberarse de la imposición de las tareas del cuido y el trabajo doméstico.

Estas y muchas otras ideas revolucionarias fueron parte del mensaje que el partido llevo a la clase trabajadora. Un mensaje muy realista que siempre sostuvo que dichas ideas solo podían ser realizadas mediante una lucha organizada del pueblo que condujera a una revolución y a un gobierno de la clase trabajadora que las aplicara.

De la mano de este programa la organización también puso en práctica muchas de las recomendaciones metodológicas legadas por Lenin y la III Internacional para la participación de los revolucionarios en las elecciones. Por un lado, denunció cómo las reglas vigentes en el sistema democrático favorecen a los partidos burgueses al imponer complicados requisitos de inscripción para los partidos nuevos y de carácter obrero y al crear un sistema como el de los bonos de deuda política que les permite a los grandes capitales patrocinar a uno o más partidos que les aseguren sus intereses y el acceso a jugosos negocios.

De forma decidida, la organización también denunció el monopolio capitalista de los grandes medios de comunicación y el acceso privilegiado de los grandes partidos a estos durante la campaña electoral.

El PT impulsó una campaña completamente independiente de la clase capitalista al financiarse exclusivamente por medio del aporte solidario de trabajadores y campesinos. Presentó una papeleta encabezada por mujeres y hombres de la clase trabajadora y campesina, así como por luchadores comprometidos con la defensa de los derechos de las personas LGBTI, inmigrantes y las mujeres.

Pese a las dificultades que tienen los trabajadores asalariados para dedicarse a la campaña, los candidatos del partido no abandonaron sus responsabilidades con la lucha social en ningún momento; al contrario, en plenas elecciones 2018 utilizaron el espacio en los debates televisados para denunciar a la piñera Exportaciones Norteñas y llamar a rodear de solidaridad la huelga que sostenían los obreros de dicha plantación por pago de horas extras adeudadas y mejoras en sus salarios.

El voto nulo: una prueba de fuego

Durante las últimas elecciones el partido enfrento una de sus mayores desafíos políticos. Luego de tener una valiosa carrera que le permitió obtener 4235 votos para la presidencia y 11,611 para diputaciones. En aquel momento el PT tuvo que posicionarse frente a la segunda ronda electoral en la que concurrieron el PAC y Restauración Nacional.

El primero llegaba desgastado a la elección luego de haber utilizado buena parte de su capital político para impulsar la agenda neoliberal en el país frente al problema fiscal. El segundo había logrado elevar sus simpatías electorales al aprovechar la falta de soluciones del PAC en las provincias más pobres del país y difundir un discurso basado en el fundamentalismo evangélico que colocaba que el problema de Acción Ciudadana era ser un gobierno dedicado a atacar a la familia como pilar de la sociedad para privilegiar derechos de “minorías” como el aborto terapéutico o el matrimonio igualitario.

El partido se encontraba en la disyuntiva de posicionarse de cara a un país polarizado electoralmente. Tendría que responder a un sector intelectual y de clase media que defendía que pese al descontento y las diferencias era preferible votar por el PAC y evitar el acenso de una nueva derecha fundamentalista neoliberal y a otro de corte más popular que achacaba los males sociales del país al supuesto “ataque a la familia” encabezado por el gobierno.

En este marco el partido se apoyó en su Internacional, la LIT, y analizó que, pese a dicha polarización, la segunda ronda reflejaba una contienda entre dos partidos representantes de los grandes intereses capitalistas que le mentían a las masas con tal de llegar al poder.

El PAC mentía al ubicarse como el partido que saldría a defender la igualdad y los derechos humanos frente a un posible ascenso de la derecha fundamentalista, mientras que Restauración mentía al defender que propuestas como el cierre del INAMU o la oposición al matrimonio igualitario vendrían a sacar al país de la miseria.

Muchos sectores de izquierda, a la luz del llamado del Frente Amplio a apoyar al PAC, se inclinaban a salir a votar a favor del partido contra el cual venían luchando por meses.

Coherente con este análisis el partido hizo un llamado público al voto nulo y a la organización popular contra los ataques que vendrían de la mano de cualquiera de los dos partidos como la reforma fiscal o los ataques contra el empleo público. Asimismo, se mantuvo al pie del cañón contra cualquier ofensiva contra los derechos de las mujeres y de las personas LBGTI de parte de cualquiera de los dos partidos.

El partido fue duramente atacado durante la segunda vuelta, para muchos nuestra postura representaba una traición a la causa de las mujeres, del estado laico y de las personas LBGTI; sin embargo, la ocasión también le permitió entablar un diálogo político mucho más enriquecedor que el de escoger el “menos peor” en la elección.

Por meses el partido aprovecho la coyuntura para explicar que la democracia electoral en el capitalismo solo puede engendrar gobiernos representantes de la clase capitalista que, pese a sus matices, no pueden ofrecer más que la misma receta de miseria e injusticia, y que, por ende, es necesaria la constitución de una herramienta política que impulse los intereses de la clase trabajadora mediante una estrategia revolucionaria.

Lo hecho por el partido en esos meses fue una prueba de fuego que le permitió al PT demostrar dos de los grandes objetivos que los partidos revolucionarios persiguen mediante su participación en las elecciones burguesas: 1) el realizar un trabajo de crítica paciente y constructiva sobre la confianza que las masas trabajadoras depositan en el sistema electoral burgués para definir sus destinos y 2) el de construir una organización política de militantes organizados para la revolución y no para conseguir resultados electorales.

Los límites de una estrategia electoral para la lucha contra las opresiones

Dos años de gobierno, en los que el PAC y los diputados provenientes de Restauración Nacional han coincidido en múltiples ataques contra el pueblo, le terminaron dando la razón al PT en su llamado a votar nulo. Sin embargo, existe un debate en el cual esto aún no se reconoce con claridad: el debate sobre los derechos de las personas oprimidas.

Aun hoy buena parte del activismo feminista o pro derechos LBGTI sostiene que el apoyo al PAC representa un mal necesario en la batalla contra el fundamentalismo religioso y la derecha conservadora y sus ataques.

Para mucho de este activismo nos encontramos ante la necesidad de hacer unidad política en las elecciones con partidos como el PAC para hacerle frente a la “ola conservadora” que asedia todo el mundo. Es un hecho que cada vez más sectores de la burguesía recurren a impulsar partidos con salidas de ultra derecha que utilizan explícitamente el racismo, el machismo, la xenofobia y la LBGTI-fobia para dividir al pueblo trabajador, apoyarse en muchos de sus prejuicios y ganar elecciones para gobernar con mano de hierro en pro de los intereses capitalistas.

Sin embargo, no hay que olvidar que estos partidos ven crecer su popularidad gracias a la decepción de millones de votantes con la gestión antipopular y neoliberal que siempre han terminado implementando las mil y un variantes de partidos burgueses socialdemócratas o de “izquierda” alrededor del mundo.

En un tema como el de la defensa de los derechos humanos, hay que decir que el gobierno del PAC también se revelo como un gobierno burgués más que echó mano de las opresiones para gobernar en favor del capital.

Más allá de limitados avances ocurridos durante sus dos períodos, muchos debidos a la lucha de las mujeres en el país y en el mundo, el PAC gobernó una economía que disparó el desempleo y la pobreza entre las mujeres y generó condiciones para el empeoramiento de la violencia machista y los femicidios. Durante la pandemia ha llegado inclusive al punto de recortar el presupuesto del INAMU y desviarlo a la atención para el COVID19 debilitando inversión necesaria para el combate de la creciente violencia machista.

Por otro lado, ha adoptado una política altamente xenofóbica contra las y los nicaragüenses en medio de la pandemia. Su política fronteriza, al mejor estilo de Trump, ya contabiliza el rechazo de más de 20 mil nicaragüenses enfermos y/o perseguidos por el régimen de Ortega. Por otro lado, los cientos de miles de nicaragüenses que residen en el país hoy, constituyen la población más expuesta al contagio gracias a la falta de garantías laborales para acceder a una cuarentena o a medidas protección mínimas experimentada en las empresas ante la cual el gobierno se hace de la vista gorda.

Finalmente es necesario denunciar como en la zona de Buenos Aires de Puntarenas el PAC ha tolerado una creciente operación de bandas racistas armadas y asesinas que han asesinado con impunidad a dos dirigentes indígenas y hoy continúan agrediendo por la libre a las familias que se encuentran recuperando los territorios que les pertenecen.

Quien aún sostenga que el gobierno PAC es un mal necesario para garantizar la defensa de los derechos humanos en la actualidad omite la realidad de opresión vivida por cientos de miles de mujeres, nicaragüenses e indígenas. Quien defienda que el país avanza paulatinamente hacia la superación de estas opresiones solo puede hacerlo a costa de minimizar la opresión vivida por estos sectores. No es verdad que la elección 2018 haya sido entre un partido respetuoso de los derechos de los oprimidos y otro enemigo de los mismos. Al final ambos partidos, dado su carácter burgués, terminaron apoyándose de una u otra manera en la opresión para gobernar o legislar.

Esto demuestra que no es posible superar los prejuicios, la discriminación y la violencia contra los oprimidos que reina en el capitalismo apoyando a partidos burgueses por más que prometan una u otra reforma. A fin de cuentas, conducen el gobierno de todo un sistema económico basado en la opresión misma.

Para dicha superación se requiere de una estrategia diferente a la electoral. Una que no se conforme con unas cuantas reformas jurídicas limitadas mientras la gran mayoría de mujeres, inmigrantes, negros y personas LBGTI continúan viviendo bajo una brutal opresión a beneficio del capitalismo.

Hoy más que nunca se requiere de un partido que cuestione frontalmente todas las opresiones dentro del capitalismo, uno que apoye sus luchas y que ofrezca una salida radical a sus sufrimientos que por fuerza pasa por cuestionar el mismo sistema económico que los sostiene.

Solos y no con el FA: el debate sobre un frente electoral dentro de la izquierda

Otra de la característica de la participación electoral del PT ha sido la decisión de presentar sus propias candidaturas a nivel nacional y de rechazar la conformación de un frente con el Frente Amplio o con otros partidos de izquierda.

En este respecto nuestro partido siempre ha seguido el criterio de Marx, Lenin y Trotsky en el que la participación electoral es vista no como un fin en sí mismo sino como un medio necesario para la educación política de la clase trabajadora en su lucha por la revolución socialista.

A partir de este principio, los revolucionarios marxistas siempre hemos sostenido la necesidad de que el punto de arranque de la táctica electoral de nuestros partidos sea una total independencia política y financiera del partido de la clase trabajadora. Dicha independencia es la que garantiza que el programa para la revolución sea coherentemente explicado ante las masas a lo largo de la campana electoral.

Nuestro partido ha rechazado impulsar la conformación de un frente electoral con el FA debido, en primer lugar, a que su objetivo siempre ha sido divulgar las propuestas de una revolución socialista entre los trabajadores y explicar pacientemente que ningún cambio real y duradero puede venir de la mano de las elecciones mismas.

En segundo lugar, lo ha rechazado porque el objetivo del FA nunca ha sido revolucionario sino todo lo contrario. Durante todos sus años de existencia se ha posicionado como el partido que puede, mediante unas cuantas reformas, corregir el rumbo de corrupción y desigualdad del país. En la práctica, pese a su prédica reformista, se ha dedicado a cogobernar con el PAC por ocho años, a aplicar su misma política burguesa y neoliberal. Mientras que en los momentos más ardientes de lucha social ha callado frente a la represión de su aliado y ha buscado limitar las expresiones de descontento popular hacia la Asamblea Legislativa y las mismas elecciones evitando la radicalización de sus luchas.

El Frente Amplio ha cumplido ese rol de última línea de defensa del sistema democrático burgués y del capitalismo mismo que han cumplido históricamente las organizaciones reformistas. Dado que el PT persigue la organización de la clase trabajadora para la revolución cualquier frente electoral con el FA solo hubiese significado un alejamiento de los propósitos y estrategia de la organización.

Hacia el FA y toda otra fuerza de izquierda que cumpla un rol similar el partido ha aplicado un sano criterio de independencia política que se resume en la frase “golpear juntos, marchar separados”. Muchas luchas concretas han colocado a ambas organizaciones en la misma acera y en todas ellas el PT no solo ha hecho unidad en la acción, sino que ha exhortado al FA a poner de todos sus recursos parlamentarios al servicio de dichas luchas. Sin embargo, cuando la discusión es acerca de cómo transformar el país y la misma sociedad capitalista a beneficio de la clase trabajadora, como pasa en elecciones, el PT ha optado por impulsar el proyecto de la revolución socialista de manera independiente.

Existe toda otra serie de organizaciones en el seno de la izquierda como Vanguardia Popular o las organizaciones trotskistas ligadas a agrupamientos internacionales de Socialismo o Barbarie y la Fracción Trotskista con las cuales el PT tampoco ha estado dispuesto a hacer alianzas electorales. Con dichas organizaciones mantiene el mismo criterio de “golpear juntos, marchar separados” dadas las profundas diferencias que tiene en relación al programa para la revolución mundial y la política para el país.

Con Vanguardia Popular las diferencias se originan en el hecho de que dicha organización continúa reivindicando su política estalinista y por tanto es enemiga del PT y su programa de revolución internacional y permanente. Dicho partido continúa apoyando dictaduras procapitalistas a las que califica de antiimperialistas como la de Cuba, China, Daniel Ortega en Nicaragua, Bashar al Assad en Siria y Nicolás Maduro en Venezuela. Su estrategia sigue siendo la de aliarse con sectores burgueses “antiimperialistas” o “progresivos”, una política de frente popular que solo llevó agua al molino de la burguesía y condujo a la derrota de la clase trabajadora en todo lugar en donde fue aplicada durante el siglo XX.

En relación a las otras organizaciones existen crecientes diferencias programáticas de gran importancia. Una de las centrales que tenemos con la Fracción Trotskista es sobre el perfil que los partidos revolucionarios deben tener en la lucha de clases ya que actualmente dicha organización se niega a impulsar consignas relacionadas al derrocamiento de los gobiernos burgueses y a la toma del poder por parte de los organismos de la clase trabajadora. Esta crítica también la planteamos hacia las organizaciones integrantes de Socialismo o Barbarie como el NPS de Costa Rica. 

 Para nosotros la insurrección de las masas trabajadoras para la toma del poder es un objetivo que ha estado a la orden del día en muchos de los procesos revolucionarios recientes y para el cual las organizaciones deben preparase. En su lugar ambas agrupaciones vienen priorizando la conformación de frentes electorales con partidos reformistas como el NPA en Francia o el PSOL en Brasil.

Junto a estas diferencias existen otras de igual importancia como qué tipo de organización internacional necesitan construir los revolucionarios (centralizada en torno a un programa revolucionario o de acuerdos mínimos), qué política plantear frente a las fuerzas armadas (dividirlas para ganar una parte a la revolución o solo repudiarlas en abstracto) que hoy no permiten hablar de una unión de los revolucionarios bajo una misma organización pero que siempre admite la acción conjunta en la lucha de clases.

Seguir construyendo un partido para la revolución en las luchas y en las elecciones

Una ola de lucha revolucionaria recorre el mundo actualmente. Es una ola de lucha por la vida y los derechos de las mujeres, de los negros, los inmigrantes y del pueblo trabajador en general que sufre a manos de la voracidad del capitalismo y sus gobernantes.

Como tantas otras veces en la historia de los sistemas democráticos, existen una serie de partidos políticos y figuras que buscan llegar al poder utilizando el descontento de las masas como trampolín electoral. Dichas organizaciones prometen ser la solución para las grandes aspiraciones de cambio del pueblo y sin embargo no hacen más que agitar unas cuantas reformas con el propósito de desviar al pueblo del camino de la lucha y la revolución.

Tal es el escenario que hoy se vive en países como Estados Unidos en donde el Partido Demócrata busca conquistar por todos los medios las bases del movimiento antirracista BLM (Black Lives Matter) o en Chile en donde el Frente Amplio, organización similar a PODEMOS en España, ha venido impulsando la participación en una corrupta y limitada Constituyente convocada por una coalición de partidos burgueses de oposición como forma de darle una salida institucional a la revolución chilena.  Como desarrollamos en los párrafos anteriores, en Costa Rica es el Frente Amplio, el partido que busca mantener un pie en las luchas sociales, pero solo para conducirlas de las calles a las urnas y en general a las reglas del juego democrático burgués.

En este contexto el Partido de los Trabajadores está preparando su tercera participación en elecciones (2022) no para vender ilusiones de cambio al pueblo, ilusiones irrealizables en el marco del sistema capitalista; sino para convertir su inscripción, campaña y candidaturas en un punto de apoyo para las luchas de la clase trabajadora y de las y los oprimidos contra el capitalismo, en una tribuna de denuncia a la corrupción y mentiras del sistema democrático burgués y finalmente en una palanca de construcción de un partido revolucionario que sirva como herramienta para impulsar una revolución socialista en Costa Rica y el mundo.  


[1]Lenin, El Estado y la Revolución

[2] Lenin. La Revolución Proletaria y el Renegado Kautsky. P 32. Disponible en https://www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/lenin_renegado_kautsky.pdf

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