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Declaración del Partido de la Clase Trabajadora (PT) sobre las elecciones nacionales

Presentamos en esta declaración nuestros análisis y perspectivas sobre los resultados de las elecciones nacionales.1

1) Los datos

El domingo 01 de febrero se realizaron las elecciones presidenciales y legislativas en Costa Rica. Con un padrón de 3 731 788 electores, votaron 2 494 611 personas2

Los cinco partidos con más votación y que lograron representación parlamentaria fueron:

  1. Partido Pueblo Soberano: 1 191 727 votos.
  2. Partido Liberación Nacional: 825 041 votos.
  3. Coalición Agenda Ciudadana: 119 700 votos.
  4. Frente Amplio: 92 826 votos.
  5. Partido Unidad Social Cristiana: 68 732 votos.

Las 57 diputaciones a elegir en el Parlamento quedaron distribuidas de la siguiente forma:

  1. Partido Pueblo Soberano: 31 diputaciones.
  2. Partido Liberación Nacional: 17 diputaciones.
  3. Frente Amplio: 7 diputaciones.
  4. Coalición Agenda Ciudadana: 1 diputación.
  5. Partido Unidad Social Cristiana: 1 diputación.

2) Las tendencias mundiales y centroamericanas

Para entender bien de dónde viene el chavismo y los nuevos gobiernos de derecha, es importante dar un marco internacional.

El capitalismo mundial es una sociedad en decadencia. Este sistema no logra recuperarse de las crisis económicas de 2008 y de 2020. Para salir de esa crisis, el conjunto de gobiernos capitalistas (no importa si son de “derecha” o “progresistas neoliberales”) dejan caer la crisis sobre la población trabajadora. Por esto, en todo el mundo, por más de veinte años, hemos visto el deterioro de las condiciones de vida y de trabajo de la clase trabajadora y los sectores oprimidos.

Las masas trabajadoras han ido haciendo la experiencia con gobiernos “progresistas” y “de izquierda” que no han cambiado en nada sus condiciones de vida; de hecho, las han empeorado, y han sufrido también represión y violencia. Gobiernos de este tipo fueron, por ejemplo, el FMLN en El Salvador y el Gobierno de Unidad Nacional del PAC, el PUSC y el FA en Costa Rica en 2018.

La crisis económica que no se resuelve, los ataques al nivel de vida de las masas trabajadoras y el fracaso de los gobiernos del “progresismo” neoliberal han generado una crisis general de los regímenes democrático-burgueses en todas partes del mundo, incluido nuestro país. Esta crisis ha producido un aumento de las tendencias represivas y autoritarias en todos los Estados, independientemente de por quién sean dirigidos: restricción de las libertades civiles, endurecimiento del Código Penal, “megacárceles”, policías militarizadas, persecución política, aumento de las opresiones culturales, de género o sexuales, restricción del derecho de huelga, de organización sindical y de manifestación, persecución de periodistas. Son todos elementos comunes a los gobiernos capitalistas existentes en el mundo.

Son estas condiciones globales las que permiten que exista una tendencia reaccionaria en toda el área centroamericana, de la que Costa Rica es parte.

Nuestro país acompaña un giro reaccionario y conservador que existe en la región desde que fue derrotado el ascenso popular de 2018 (las rebeliones en Nicaragua, Honduras y la huelga contra el Plan Fiscal en Costa Rica). Centroamérica hoy es un sistema de dictaduras (Bukele y Ortega), regímenes autoritarios (Nasry Asfura en Honduras) y estados de sitio (Bernardo Arévalo en Guatemala).

Costa Rica forma parte de esta tendencia regional, así como de una serie de gobiernos y movimientos que buscan el alineamiento incondicional con las políticas de Donald Trump. Justamente las primeras personas que saludan el triunfo de Laura Fernández son Nayib Bukele y el hijo de Jair Bolsonaro.

3) El reforzamiento del oficialismo en Costa Rica

En este marco general se entiende el reforzamiento político del oficialismo en nuestro país. El oficialismo gana con el 48,30 % de los votos; gana en 64 de los 84 cantones y en 6 de las 7 provincias; además, consigue ganar en primera ronda (no se lograba desde 2010) y obtiene 31 diputaciones (no se lograba desde 1982). En estas elecciones se reduce casi en un 10 % el abstencionismo (el más bajo desde 1998).

Nos enfrentamos, pues, a un gobierno fuerte, que incluso hace retroceder algunos elementos de la crisis del régimen político, como el abstencionismo y la fragmentación parlamentaria. El oficialismo consigue la mayoría absoluta, es decir, puede controlar totalmente la Asamblea Legislativa y aprobar proyectos de ley que no requieran mayoría calificada (38 diputaciones). Esto significa que el oficialismo tendría la fuerza política suficiente para modificar el Código de Trabajo, la legislación ambiental, el Código Penal y un largo etcétera; es decir, puede llevar adelante un agresivo plan de ataques contra la clase trabajadora, las conquistas sociales, los derechos de las mujeres y la naturaleza.

Tenemos la obligación de explicar: ¿de dónde viene la fuerza del chavismo? En otros artículos3 hemos señalado que la fuerza del chavismo proviene de cuatro factores:

  1. Una tendencia internacional reaccionaria que domina el área.
  2. El apoyo de la burguesía del país, que respaldó financieramente al PPSO porque está haciendo negocios a manos llenas.4
  3. Un sector de capas medias que se ve beneficiado por el dólar a bajo precio.
  4. Una vasta red de sectores populares desorganizados que votan por el chavismo porque lo consideran “antisistema” (aunque claramente no lo es) y porque están hartos del viejo orden, de sus partidos políticos y de sus instituciones. Esto último es muy importante entenderlo para poder dialogar y acompañar a quienes imaginan que el gobierno de Laura Fernández será “un gobierno a favor de los pobres”.

El chavismo se alimenta de esa contradicción: “cabalga” sobre el hartazgo de los sectores populares con las instituciones burguesas, con la democracia burguesa, con los partidos del régimen (PLN, PAC, PUSC), con los cuarenta años de abandono producto del neoliberalismo, pero propone sustituir ese viejo régimen por una “Tercera República” que, por lo que sabemos, sería un orden capitalista, pero más autoritario y antipopular.

4) La oposición burguesa

En la recta final del cierre de campaña, los principales partidos de la oposición burguesa instalaron la falsa dicotomía de que la elección era “una convención interna de la oposición”, que había que votar por “quien pudiera vencer al chavismo” y que el eje de esta elección era la oposición: “democracia vs. dictadura”. Este clima fue alentado por la prensa opositora al gobierno (La Nación S. A., CR Hoy) y fue capitalizado por el PLN (el partido más odiado del país), que saltó del 8 % de intención de voto hasta el 33,44 %, opacando así al CAC, al FA y al PUSC, y preservando la mayoría de su bancada parlamentaria y su rol de principal opositor.

Entre el fortalecimiento del chavismo y el ascenso de última hora del PLN, varias fuerzas burguesas sufrieron fuertes derrotas: el Partido Liberal Progresista, Nueva República y el Partido Progreso Social Democrático desaparecen del Parlamento; el PUSC pasa de 9 diputados a solamente 1.

Por otro lado, el PAC, pese al repudio general a sus gobiernos, logra ser tercera opción electoral, pero solo consigue una diputada.

El Parlamento queda dominado por el chavismo, con una oposición burguesa encabezada por el PLN, que ya planteó ser una “oposición constructiva”, lo que quiere decir oponerse en algunas cosas al chavismo, pero apoyar proyectos antipopulares y privatizadores como las jornadas 4×3, la venta del BCR, la apertura del sector eléctrico, etc.

La política anunciada del PAC es la “unidad de las fuerzas democráticas”, es decir, un intento de volver a engañar a las masas presentándose como una fuerza “progresista” y “antiautoritaria”, cuando justamente el PAC fue el gobierno más antidemocrático y antipopular que hayamos tenido.

5) La campaña “dictadura” vs “democracia”.

Las elecciones de 2026, igual que las dos anteriores, instalaron una falsa polarización en dos bloques. Por el lado del oficialismo, se presentó como si la elección fuera un plebiscito sobre el gobierno de Rodrigo Chaves. Así, la dicotomía era: si usted está a favor de Laura Fernández, está a favor del cambio y de acabar con la corrupción del viejo orden y del sistema de partidos; si está en contra, es porque tiene algún interés en apoyar el viejo orden y la corrupción del viejo orden.

La oposición burguesa y el diario La Nación S. A. inventaron su propia dicotomía: si se apoya a Laura Fernández, se es un ignorante que apoya la dictadura; y si no se apoya a Laura Fernández, se es parte de las “fuerzas democráticas” y se apoya el viejo orden institucional “que hizo a Costa Rica diferente”.

Esta campaña de polarización esconde que ambos campos son campos burgueses con programas de aumento de la explotación de clase y del saqueo. Por esta razón, ninguno de los dos campos se refería a problemas como la inseguridad laboral, la explotación del trabajo, los bajos salarios o el robo de horas extra, porque en eso los dos campos están de acuerdo.

Por esta razón, nuestro partido buscó siempre trazar una línea de clase que se demarcara de los dos bloques, abriendo un tercer campo obrero y popular.

En relación propiamente con esta campaña “dictadura” vs. “democracia”, nuestro partido siempre señaló: ¿pero de qué democracia estamos hablando? Costa Rica es una democracia burguesa, una democracia de los ricos. Las supuestas instituciones y libertades democráticas nunca llegan a la clase trabajadora.

En las fábricas y en las plantaciones no hay democracia. El derecho a reunión, a la organización y a la palabra son todos los días violentados por la patronal, el MTSS, la policía y Migración. No hay democracia allí.

Las libertades democráticas son solo para las personas ricas: si quieres ganar el gobierno en elecciones, necesitas miles de millones de colones; si quieres que tus ideas se difundan, necesitas tener la propiedad de canales de televisión y radio.

Los elementos represivos que usa o puede usar el chavismo son todos elementos de la democracia burguesa, instrumentos que le dejaron construidos partidos como el PUSC, el PLN y el PAC. La penalización de los bloqueos fue obra del PUSC; la ley antihuelgas fue obra del PAC y el PLN; la persecución de luchadores sociales ha ocurrido bajo gobiernos del PUSC, el PAC y el PLN; las leyes de flagrancia fueron obra del PLN. Tanto el chavismo como el PLN, el PAC y el PUSC usan estos elementos represivos del Estado contra el movimiento de masas y las personas luchadoras sociales.

Por esto, la campaña “en defensa de la democracia” que levanta la oposición burguesa, incluyendo al Frente Amplio, es una campaña reaccionaria, porque defiende un viejo orden capitalista, corrupto y decadente, forjado por el PLN y el PUSC, que no tiene nada que ser reivindicado. Pero también es una campaña elitista, porque presenta a los sectores populares rurales y urbanos que votaron por el chavismo como “ignorantes” y “manipulados”, cuando tienen todas las razones para desconfiar y odiar a los partidos tradicionales y sus instituciones.

Por eso, a las masas que votaron al chavismo imaginando que eso sería una ruptura “antisistema”, les decimos: está bien y es correcto que quieran romper con el sistema; nuestro partido también quiere romper el sistema, pero para construir un nuevo orden social al servicio de la clase trabajadora. El chavismo no quiere eso: quiere reforzar las viejas cadenas, con nuevas cadenas.

A las masas trabajadoras y a la juventud que votó contra el chavismo porque lo considera una fuerza autoritaria les decimos: efectivamente, el chavismo tiene un plan autoritario para enfrentar al movimiento social y aumentar la explotación y la opresión. Pero ese proyecto autoritario no va a ser derrotado en las urnas, y menos aún confiando en la oposición burguesa, en el Parlamento o en las instituciones del viejo orden como la Sala Cuarta o los jueces. La única forma de derrotar el proyecto chavista es con organización y movilización popular, unitaria y permanente, y con la propuesta de una nueva sociedad y nuevas instituciones que borren el viejo orden corrupto e impidan el ascenso del autoritarismo de derecha.

6) El Frente Amplio

El Frente Amplio sigue siendo la fuerza “de izquierda” parlamentaria más grande del país. Queda como cuarta opción presidencial y tercera fuerza parlamentaria. La campaña del FA fue una campaña corrida “a la derecha”, queriendo demostrar que era una fuerza “moderada” y “respetable” para la burguesía. Aclararon sin fin que nada del modelo sería tocado: ni las zonas francas, ni los impuestos, ni la propiedad de la tierra ni los medios de producción. Es decir, busca ocupar el espacio político que dejó el PAC.

Su resultado electoral es contradictorio: desde el punto de vista presidencial fracasa, pues pierde más de 90 000 votos en su fórmula presidencial; pero sube una diputación en su bancada parlamentaria, de 6 a 7, reforzándose como opción parlamentaria (recibe 293 000 votos), aunque queda atrapado en su propia lógica de ser una “oposición responsable”, subordinada a un bloque político con el PLN y el PAC.

De entrada, hay dos cosas muy peligrosas que trae el Frente Amplio. La primera es una campaña permanente en defensa “de la democracia”, entendida como una defensa incondicional de las instituciones de la Segunda República. Es decir, en el momento en que la mayoría de la población trabajadora siente un hartazgo con el viejo orden, el Frente Amplio llama a defenderlo como un todo. Esta campaña abona a la fuerza del chavismo; no lo debilita.

La segunda es la mala educación política que el Frente Amplio introduce en el movimiento popular y en los sectores sociales que lo apoyan, pues su estrategia es electoral y parlamentaria, no una estrategia de revolución social e internacionalismo revolucionario, como la del Partido de la Clase Trabajadora.

Siendo así, el peso político del FA se pone al servicio de apoyar a sus diputados en el Parlamento. Todas las luchas sobre las que influye el FA tienen como estrategia movilizarse para apoyar a los parlamentarios del FA. Educa a las masas en la confianza en la “técnica parlamentaria”, en el talento de los abogados y en los recursos ante la Sala Cuarta. Esa estrategia es una estrategia de derrota tras derrota.

Desde 2018, con la aprobación del Plan Fiscal, esa estrategia de adoración a la “técnica parlamentaria” y de confiar en el talento de los diputados opositores ha sido un callejón sin salida para la lucha de las masas.

7) El movimiento popular y de masas

Costa Rica tiene la particularidad de que su movimiento popular está muy desorganizado. La inmensa mayoría de la clase obrera en las grandes fábricas y plantaciones no tiene organización sindical. Donde el sindicalismo es más fuerte es entre empleados públicos, pero este movimiento sufrió una seria derrota entre 2018 y 2020, de la que todavía no se recupera.

Pero, inclusive si el movimiento de empleados públicos estuviera más activo, no se puede dejar de registrar el hecho de que la mayoría de la clase obrera y del pueblo de nuestro país es abstencionista o chavista. Un sector importante de la clase trabajadora ve con simpatía al gobierno de Laura Fernández.

Por eso es muy importante no solo la unidad para luchar por las necesidades más sentidas del pueblo trabajador —seguridad laboral, salarios, empleo, sistemas de cuido, etc.—, sino que también se impone un proceso de explicación paciente sobre cuál es el verdadero contenido del chavismo y cuál es el verdadero contenido de las instituciones de la Segunda República.

8) Las mujeres trabajadoras ausentes del debate

Un dato que no se puede dejar de señalar es que parte de la decadencia del capitalismo y de las campañas de la derecha mundial tiene que ver con profundizar las opresiones como parte del aumento de la explotación. Así, el capitalismo radicaliza todas las formas de opresión para aumentar la explotación.

El gobierno de Rodrigo Chaves ha sido un promotor de las peores formas de machismo en el debate político, empezando porque él y muchos de sus allegados son agresores machistas probados. Pero no solo él: Fabricio Alvarado también participó impunemente en la campaña, con al menos tres denuncias de violencia sexual contra mujeres.

En la campaña electoral, el debate sobre la situación y los derechos de las mujeres estuvo ausente. Tanto las candidatas del “progresismo” neoliberal como las conservadoras no plantearon ningún tema sustantivo para las mujeres en general y para las mujeres trabajadoras en particular.

Nuestro partido, con sus modestas fuerzas, denunció las condiciones de trabajo de las mujeres, la violencia en general y la violencia sexual en particular que se ciernen sobre las mujeres trabajadoras, así como la necesidad de un sistema universal de cuido y de trabajo digno para las mujeres trabajadoras, y el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

9) La participación del Partido de la Clase Trabajadora

El Partido tuvo una elección modesta: recibió el 0,11 % de los votos, 2 737 votos a la presidencia y 5 563 votos a diputaciones. El partido quedó en el puesto número 15 de 20 partidos políticos inscritos. Fue una mejora respecto a nuestra elección de 2022, con casi 800 votos más a la presidencia y un resultado bastante similar en diputaciones.

El PT fue el partido que menos dinero invirtió en la campaña electoral, pues su fuerza militante está en la clase trabajadora. Además, el partido no recibe dinero de grandes capitalistas, ni de bancos, ni de la deuda política; de hecho, denuncia ferozmente ese mecanismo corrupto. El partido hizo una campaña militante con sus propios esfuerzos. En ese sentido, fue una campaña titánica y cuesta arriba contra la democracia de los ricos. Nuestra organización quedó incluso por encima de partidos que gastaron millones de colones en la campaña.

El partido aprovechó cada segundo de exposición mediática para colocar nuestro programa y nuestras ideas socialistas en el debate político: la denuncia de la “carnicería humana” en las fábricas y plantaciones permitida con la complicidad institucional; la demanda de un sistema universal de cuido para las mujeres trabajadoras; la necesidad de expropiaciones y nacionalizaciones; y nuestra propuesta de un Estado de consejos populares fueron algunas de las ideas que entraron al debate político.

El partido además colocó en el debate nacional las demandas del movimiento de mujeres, como el derecho a decidir, que en esta elección fueron completamente silenciadas tanto por las candidatas “progresistas” como por las “conservadoras”.

Otra novedad importante fue la presentación de una serie de candidaturas obreras, con compañeros y compañeras provenientes de los principales trabajos del sindicalismo en la empresa privada del país. Desde hace muchos años, ninguna organización de izquierda hacía esto, mostrando que es posible que la clase obrera se postule para dirigir el país.

Finalmente, la candidatura presidencial del partido levantó la simpatía de una franja pequeña pero importante de la población que quiere una alternativa de izquierda radical y revolucionaria al chavismo, diferente de la oposición burguesa. Esto abre la posibilidad de construir una nueva generación juvenil y obrera que fortalezca la alternativa socialista en nuestro país.

Nuestra organización tiene ahora tres grandes tareas:

  1. Ayudar a la clase obrera y al pueblo a hacer la experiencia con el chavismo a través de la propaganda y la educación política. Hay que mostrar el verdadero carácter de clase del chavismo y cómo es un enemigo jurado de la clase obrera y del pueblo, mediante la explicación paciente de nuestros análisis y consignas de lucha. En este terreno, nuestro programa mantiene plenamente su vigencia: la denuncia de las condiciones laborales en los centros de trabajo, la doble explotación de las mujeres trabajadoras, la dictadura en el sector privado que impide la organización sindical, las leyes antiobreras, etc. Asimismo, los elementos de nuestro programa contra el pago de la deuda externa e interna, contra las privatizaciones y el retroceso en los derechos y conquistas sociales, y la defensa de las y los oprimidos frente a las campañas reaccionarias de todo tipo.
  2. Consolidar una alternativa política nacional que enfrente al chavismo y a la oposición burguesa, que cree un tercer campo, una tercera fuerza obrera y popular, y que le proponga al país la necesidad de un nuevo régimen basado en los consejos populares.
  3. Y la tarea más importante: fortalecer organizativa y políticamente al PT. El interés demostrado en la campaña debe transformarse en organización política y militante. Los “progresismos” han maleducado a toda una generación popular que cree que la vía al cambio es institucional y parlamentaria. El PT ofrece otra alternativa: un partido que luche por cambiarlo todo de raíz, que luche por la revolución socialista, por el gobierno obrero y campesino.

10) Súmese a construir el Partido de la Clase Trabajadora.

Sabemos que la campaña electoral y las candidaturas obreras han levantado el intereses de centenares de personas por saber más sobre nuestro partido u organizarse en nuestras filas. Queremos llamar a todas esas personas y a todas aquellas que lean nuestros materiales a acercarse a nuestra organización, organizarse, formarse políticamente y ayudarnos a construir una alternativa obrera, revolucionaria y socialista.

1 La siguiente declaración fue aprobada por la dirección del Partido de la Clase Trabajadora y mejorada con la discusión en una reunión nacional con las personas militantes y simpatizantes de nuestra organización.

2 Los datos son tomados del corte #12 del Tribunal Supremo de Elecciones, realizado el Lunes 2 de febrero a las 12:00 pm, con el 96,87% de los votos escrutados.

3 Antes del proceso electoral nuestro partido escribió un detallado análisis de la situación política que recomendamos leer https://corici.org/elecciones-en-costa-rica-a-la-sombra-del-autoritarismo-y-la-crisis-de-la-democracia/

4 El PPSO entre el 1 de octubre y el 9 de enero del 2026 reportaron gastos por ₡1.718.172.069 (USD 3.47 millones).

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